ADOLESCENCIA

marta CARMEEN

Los tres amigos habían hablado de ella durante semanas, como si nombrarla bastara para conjurar el miedo.

Vivía al final de la calle, detrás de una verja cubierta de madreselvas. Era hermosa de una manera serena, casi irreal: el cabello plateado, la espalda erguida, los ojos oscuros y atentos. Decían que había conocido muchos hombres, muchas ciudades, muchas noches. Para ellos, que apenas habían aprendido a besar sin temblar, representaba el umbral de una vida desconocida.

Llegaron una tarde de lluvia.

Ella los recibió sin sorpresa, como si los hubiera estado esperando desde siempre. Encendió tres velas, sirvió vino y les pidió que se sentaran. Ninguno pudo sostenerle la mirada.

—¿Y bien? —preguntó.

El mayor quiso hablar, pero solo logró derramar la copa. El segundo se levantó con brusquedad y caminó hasta la ventana. El tercero, que había sido quien tuvo la idea, sintió que el corazón le golpeaba como un animal encerrado.

La mujer sonrió con tristeza.

Entonces abrió un cajón y sacó una fotografía antigua. En ella aparecían tres niños junto a un río, vestidos con uniformes escolares. Eran ellos, aunque la imagen parecía tomada muchos años atrás.

Los amigos se miraron. Nadie respiró.

—Esto es imposible —murmuró uno.

—No —respondió ella—. Lo imposible fue olvidar sus caras .

La señora comenzó a hablar. Les contó que los había conocido cuando eran niños, antes de que sus familias se mudaran al barrio. Les habló de una tarde de verano, de un juego junto al río y de una promesa que los tres hicieron: volver algún día por ella. Tal vez como el cuento de Abelardo Castillo "LA MADRE DE ERNESTO"

Afuera, la lluvia golpeaba los vidrios con dedos impacientes. Dentro, las velas proyectaban sombras que no coincidían con sus cuerpos.

—¿Quién es usted? —preguntó el tercero.

La mujer se puso de pie. Por un instante pareció más joven; luego, muy vieja, casi transparente.

—Soy la memoria de lo que desean —dijo—. Y también de lo que temen.

Ninguno se acercó. Comprendieron que el deseo no siempre conduce al cuerpo de otro; a veces conduce hacia una ilusion enterrada.

Cuando salieron, la casa había desaparecido. Solo quedaba la verja oxidada y, sobre el barro, la fotografía.

En el reverso, una frase escrita con tinta desvaída:

“Crecer no es atreverse a todo, sino descubrir qué cosa se esta buscando.”

 

                                                                                                                         Marta

  • Autor: marta CARMEEN (Online Online)
  • Publicado: 25 de octubre de 2026 a las 11:54
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 2
  • Usuarios favoritos de este poema: Vogelfrei


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