Fui el Cronos implacable de mi propia gloria,
el dios que entre los dientes trituró su aurora.
Devoré, segundo a segundo,
la memoria de cada ilusión que hoy el silencio llora.
Tuve mil sueños plateados en las manos,
pero el ansia fue un fuego que no dio tregua,
y en el torbellino de los años vanos,
la vida los devoró, legua tras legua.
Hoy, que solo soy un rey en su ruina,
miro el vientre vacío y el tiempo en despojos;
ya no queda nada que el hambre defina,
no hay luz ni quimeras ante estos ojos.
Flácida el alma, gastado el empeño,
ni para un tibio caldo dan ya mis huesos.
El desierto de la vejez se volvió mi dueño,
y muero de un hambre de besos y rezos.
Muero de soledad en la arena tardía,
donde el dios que fui, contempla su caída:
aquel que por tragarse el futuro que quería,
se quedó sin sueños, sin tiempo y sin alegría.
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Autor:
mauro marte (
Online) - Publicado: 24 de octubre de 2026 a las 09:39
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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