No vino nadie al funeral de Pedro Páramo.
Que es la forma elegante de decir que vinieron todos,
pero ya estaban muertos.
Comala no entierra,
Comala se amontona.
Llegó Susana San Juan, que murió hace años,
pero llegó tarde como siempre.
Llegó Miguel, su hijo, que murió por culpa de un caballo.
Llegó el padre Rentería, que ya no perdona porque nadie le paga.
Todos en la misma banca.
Todos con tierra en la boca.
Pedro Páramo murió sentado,
como vivió.
Se desmoronó como un montón de piedras
cuando le dijeron que Susana por fin se había muerto de verdad.
"Diles que no me recen", dijo.
Y nadie le rezó.
El pueblo no lloró.
El pueblo crujió.
Porque en Comala los muertos no descansan,
conversan.
Murmurando:
"¿Ya se murió Pedro?"
"Sí"
"Ah, qué bueno, ¿y ahora quién nos va a matar?"
el llano que sigue en llamas.
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Autor:
Alguien que aprendió (
Online) - Publicado: 24 de octubre de 2026 a las 00:27
- Categoría: Cuento
- Lecturas: 1
- En colecciones: 33 antipoemas para leer mientras viajas en un autobús..

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