El infierno que se alzó sobre el paraíso. (Entre la distopia y la utopía)

JordiCris ✍️



Esta imagen ha sido creada por IA por el autor para ilustrar la narración siguiendo la regulación sobre el uso de la inteligencia artificial en España que se rige principalmente por el Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial (Ley de IA).  Video: Muse - Uprising | Sub. Español
 
El infierno que se alzó sobre el paraíso.
 
Epílogo: "Cuanto más siniestros son los deseos de un político, más pomposa, en general, se vuelve la nobleza de su lenguaje". - Aldous Huxley -
 
Entre la distopia y la utopía…
 
Sobre un mundo partido en dos…
 
El mundo partido en dos mitades
y el paraíso devorado por su propia luz;
una respira fuego, y la otra, hielo;
y en medio, un dios con los ojos vendados
vende pedazos de cielo
que compra el propio diablo
a quienes ya no creen en el paraíso
y a los adoradores del caos del averno
vestido siempre de buenas intenciones.
 
Las banderas han echado raíces
en la carne, los hombres y la tierra
cultivan fronteras en sus pechos
y cosechan alambres de espino,
mientras los niños dibujan soles
que nacen con forma de piedras.
 
¡Oh, mundo de espejos enfrentados!
Cada rostro escupe al rostro que lo mira,
cada verdad se disfraza de cuchillo,
cada mentira se corona de diamantes
y ejércitos de sombras desfilan
por las avenidas del pensamiento único.
 
La derecha del abismo
le declara la guerra a la izquierda del vacío,
y el centro, ese pájaro moribundo,
se ha posado en el cable de una horca
para cantar la última canción
de los que olvidaron cómo abrazarse.
 
Mientras tanto, los algoritmos
fabrican enemigos con los huesos
de nuestros sueños y nuestros niños;
las pantallas nos sirven odios a la carta
en copas de cristal y millones de bocas
hambrientas, devoran el miedo
como si fuera el pan nuestro de cada día.
 
Los ricos compran parcelas en Marte
para escapar de la ruina que sembraron,
los pobres levantan catedrales con lágrimas
y los políticos ordeñan las nubes
para llenar sus copas de tormentas.
 
En las escuelas, los mapas aprenden a sangrar.
La historia, se repite como el ajo
y se escribe con tinta de pólvora;
los libros de poesía son quemados
en hogueras donde las llamas
recitan consignas y no versos.
Las matemáticas solo restan
y las humanidades andan perdidas como los hombres.
 
¡Qué extraña distopía hemos construido!
Teníamos las manos para acariciar la Tierra
y las convertimos en puños; teníamos la palabra
para tender puentes, no para cavar trincheras;
y, además, afilamos las palabras,
les cambiamos los significados
para que olvidasen lo bello
y así poder convertirlas en espadas…
Teníamos un corazón y material de amor suficiente
capaz de contener océanos o crear edenes
y lo dividimos en dos vasos de cicuta y en dos desiertos.
 
¿Quién nos robó el jardín, y quién quemó el paraíso?
 
¿Fue el miedo? Ese animal que duerme bajo la lengua.
¿Fue el poder, ese rey desnudo que se alimenta de rodillas?
¿O fuimos nosotros, los arquitectos del paraíso?
Quienes levantamos muros tan altos
que terminamos por ocultar y olvidar las estrellas
 
Yo he visto a la Luna llorar mercurio
sobre ciudades sin ventanas.
He visto relojes devorar mariposas
y árboles crecer hacia abajo
con las raíces buscando el cielo
y las ramas enterrándose en la miseria.
 
He visto a la humanidad sentada
sobre tronos de ceniza y sangre,
coronada con espinas de oro, gritando:
«¡Tengo razón!», mientras el universo,
agotado de escucharla, apagaba una a una sus galaxias.
 
Yo he conocido y he visto demasiadas guerras
como para creer en la paz, por más que la desee…
 
Pero anoche, en el sótano de una guerra,
un niño de un lado de la frontera
le entregó su último trozo de pan sonriendo
a una niña del otro lado…
 
Y algo imposible sucedió:
 
los fusiles se callaron y echaron raíces,
las balas se transformaron en semillas,
un muro comenzó a florecer y los soldados,
al ver las flores, recordaron que,
alguna vez también habían sido niños
y que las flores huelen a vida y primavera.
 
Entonces el odio perdió su nombre,
el miedo se quedó sin sombra y una pequeña grieta
atravesó el cielo como una sonrisa
¡Da igual si era o no el rostro de Dios!
¡Da igual si era o no un mensaje del Universo!
¡Da igual si era o no solo un reflejo!
 
Pues por ella entró la luz.
 
No era una luz que venciera a la oscuridad,
ni una bandera que cubriera a las demás;
era una luz sin dueño, un río que no preguntaba a las piedras
a qué orilla pertenecían. Era una luz para compartir
mirándose a los ojos de los dos lados del espejo.
 
Y comprendimos, demasiado tarde,
que el paraíso nunca estuvo en otro planeta,
ni detrás de una frontera, ni en otra dimensión
y menos, al final de una revolución de sangre
o de promesas de un mundo mejor para unos pocos.
 
El paraíso era esta Tierra
antes de que la llamáramos nuestra.
 
Era el pan compartido, la diferencia sin condena,
la pregunta que no ofende, la palabra que no insulta,
la respuesta que, convence o no, es respetada
porque la verdad es está en estar dispuestos a escuchar,
pues la libertad que no necesita humillar para sentirse libre.
 
Era el extraño que dejaba de ser extraño
cuando dos miradas se cruzaban sin buscar un culpable.
 
Y ahora, mientras el mundo continúa partiéndose,
yo recojo los fragmentos del cielo y los quiero sembrar
en los corazones, las mentes y en la boca de los hombres.
 
Tal vez algún día de sus lenguas nazcan jardines,
de sus heridas, ríos, de sus diferencias, constelaciones.
Tal vez aprendamos que ninguna estrella
necesita apagar a otra para iluminar la noche.
 
Porque la verdadera victoria
no será que un bando arrodille al otro,
ni que una verdad destruya todas las voces,
ni que un pueblo reine sobre las ruinas de otro.
 
La verdadera victoria será
el día en que dejemos de necesitar enemigos
para saber quiénes somos.
Y entonces, cuando el último muro
se convierta en polvo, cuando el último fusil
se oxide bajo un rosal, cuando la última palabra de odio
se disuelva en la lluvia… la Tierra abrirá sus párpados verdes,
los océanos aprenderán a cantar
y el universo, que lleva siglos esperándonos, se quitará el luto.
 
Y nosotros, los antiguos habitantes del miedo,
nos abrazaremos bajo un sol sin banderas.
 
Solo habrá vencedores. No habrá vencidos.
 
Solo millones de seres humanos descubriendo,
por fin, que el amor no era una utopía imposible,
sino la única arquitectura posible
con la que merecía la pena construir el mundo.
 
Porque el infierno no es estar divididos.
El infierno es olvidar que alguna vez fuimos uno
Y es haberlo construido sobre las ruinas del paraíso…
Hay que soñar con la utopía, es donde está el camino.
 
 
 
El paraíso comienza
cuando volvemos a reconocernos en los ojos del otro
y se callan los gritos para escuchar las voces disonantes
tendiendo una mano. Y, si no es posible amarnos todos,
al menos que sea posible respetarnos.
 

Hay que soñar con la utopía, es el único camino.

“La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.” - Eduardo Galeano -

 

CRISPÍN
Poema Nº167
@JordiCris Derechos de autor reservados©️
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