Horizontes del otoño

Leoness

Arde la copa del árbol en un rubor impúdico,

como el cuerpo de una amante que se adorna

para ocultar, tras el encaje de sus rojos y oros,

el secreto más hondo de su deseo.

 

Es un contagio sagrado: las mujeres ilustran y disfrazan,

vistiendo la piel de misterio antes del abismo.

 

Y en esa danza de coquetería vegetal,

solo algunas madres se atreven al descaro de soltar a sus hijas,

entregando sus brotes al viento inquieto,

quedándose desnudas, palpitantes, expuestas al frío.

 

Aceptan esa melancolía que no es castigo, sino refugio,

un abrazo invernal donde la tierra se recarga en silencio

y la belleza de ellas, despojada de adornos,

deja traslucir al fin la curva divina de su carne pura,

preparando el fuego con que volverá a arder en primavera.

 

¿Será recelo, acaso, de las hermanas del trópico?

 

Aquéllas que exhiben sensualidad sin tregua,

perpetuamente expuestas bajo un sol constante que no sabe de esperas.

 

¡Ay, pero este ardor mutable!

 

Este matiz provocador, este capricho de formas disconformes

que tentan al aire con su belleza indómita...

es un elixir tan convulso y sublime

que casi nunca logra descender 

de la cumbre de nuestras alturas.

 

Hojas al viento, espejo de la tarde, juventud ida.

Hojas que caen, labios de carmín seco,

ropa de seda

viento entre los cabellos .

  • Autor: Leoness (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 23 de octubre de 2026 a las 05:41
  • Categoría: Naturaleza
  • Lecturas: 2


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