La calle no desperdicia la luz
Es ancha para los ojos de la infancia
Cobija el polvo de su tiempo
Esencia de las ansiedades e ilusiones
Conciencia primera de las huellas
Las mansas cuitas de los sueños
Los arrebatos de la lluvia y el viento
Cuando llegan al pueblo.
Nada es ajeno a la mano paternal
Trajinada y sufrida sosteniendo con ternura
La piel inocente de su hijo
Aquel roce que fue creencia
Ahora melancólica brisa del recuerdo.
Principio del tiempo donde los pasos
Son los girasoles luminosos de la existencia
Algarabía ruidosa de las aves
Ojos puros contemplando
La carpa de las fantasías
Y la luminosidad de sus colores.
La vieja plaza de las voces
Furtivas, ajenas y propias
Incertidumbre de los encuentros
Donde siempre nace la aurora
Mas allá de las horas grises
Ilusionismo desterrando las sombras
Ironizando el dolor y riendo ante la vida.
Acrobacia errante visitando los pueblos
Magia trashumante de viejas civilizaciones
Corporalidad de la destreza escenificada
Toldo lúdico para reír y no llorar
Teatro de los infinitos destinos
Destreza vestida de carne y huesos
Belleza del instante domando
Miedos, angustias y delirios
Renovada sangre de la distancia
Donde la ausencia es aún niño
Esperando los saltimbanquis de su circo.
EH
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Autor:
ENRIQUE HORNA (
Online) - Publicado: 22 de octubre de 2026 a las 17:30
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Online)
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