Tenía una forma
de apoyar la cabeza sobre mi hombro
que dejaba al mundo
sin lugar donde ocurrir.
Yo escuchaba su respiración
como debió escucharse
el primer sonido sobre la Tierra.
Ahora, algunas noches, todavía
me despierto sin moverme,
como si su cara estuviera
a un aliento de la mía.
Y me quedo escuchando,
hasta que amanece,
una canilla que gotea,
con la esperanza espantosa
de que no vuelva a suceder.
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Autor:
Eduardo Villacal (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 21 de octubre de 2026 a las 23:18
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Online)
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