La calle se aquietó.
Se enmudecieron las esquinas.
La banqueta se mantuvo fría, pese al sol.
Y la plataforma del habitáculo ahora se encuentra vacía.
Salgo de casa y ya no me sigues.
Regreso y no escucho tu bienvenida.
Tu alegre bienvenida diaria...
Fuiste un ángel.
Brincaste entre laureles,
arbustos,
aceras sucias.
Escuchaste mis pasos,
el motor que se estacionaba
y tu boca que hacía agua maullaba,
incontrolable,
reconocible,
saciante, en espera de un manjar.
Te rozaste pocas veces en mis piernas.
Hiciste un circo para recibir más de mí.
Yo sentía tu alegría,
te aseguro que la sentí...
Y te arrebataron tu gozo callejero.
No pudieron matarte para darte un final...
Llegaste agonizante,
no querías que te viéramos...
pero te acercaste... ¿por qué te acercaste?
¿Querías despedirte? ¿Querías ayuda? ¿Querías comida?
Tu hocico apenas podía moverse.
Quién sea que haya hecho esto,
no sabía que eras quien menos lo merecía...
Me desgarró la vida saberte herido...
y escuchar que no tenías salvación.
Me consuela pensar que siempre fuiste un ángel,
el más bello de todos.
Te dimos un adiós digno...
un adiós que jamás hubiéramos querido darte.
Quiero pensar que te convertiste en luz, querido.
Una luz que nos guía y nos cuida,
y que esperaremos escucharte cada salida de casa...
Serás irremplazable.
Serás único.
Serás mío...
aunque eso implique
vernos en otra vida.
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Autor:
Nadia Almazán (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 21 de octubre de 2026 a las 17:09
- Comentario del autor sobre el poema: Con todo mi corazón para Manguito, te extrañaremos...
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 1

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