No quisiera pecar de arrogancia,
ni llamar a las musas sin sentido.
Pero espero con el más humilde de los descaros, que tu insomnio sea igual de terco que el mío
y que tu olvido no se libre de mi presencia.
Deseo que exista un fuego en el cual quemarnos luego de las cenizas,
que mis palabras te persigan en la brisa de un día cálido
y que la lluvia te pese como el alma sedienta que dejaste a mi favor.
Que las sirenas de lo cotidiano no logren apagar el recuerdo de mis ojos al mirarte.
Que el silencio de la noche te acaricie la espalda como yo.
No es arrogancia, ni desearte un mal que no contemplo.
Simplemente te deseo la intensidad y la velocidad con que entras en mi mente
y alborotas todo en un segundo.
No te regalo poesía, porque eso se me da fácil, porque poesía se escribe honesta y sin trucos,
en cambio si, te regalo la certeza a tu incertidumbre, que sé, que es tu ansia más hambrienta,
pues las brujas de mis sueños me han contado lo que piensas.
Que el ego de tu belleza desea saber si todavía pienso en ti.
Y que la tristeza de tu alma te impide tocar la puerta...
-
Autor:
Vancouver (
Online) - Publicado: 21 de octubre de 2026 a las 12:19
- Categoría: Amor
- Lecturas: 2

Online)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.