MUERTE… ¿POR QUÉ?

Reb Liz


AVISO DE AUSENCIA DE Reb Liz
Como una joven que anhela ser escritora, no me considero una poeta, simplemente soy una chica que plasma en papel sus pensamientos y vive cada palabra que escribe. Busco un lugar fértil donde sembrar semillas de amistad y cosechar la más pura felicidad. En cada línea, deseo transmitir emociones profundas y despertar los corazones de quienes me lean. Uniendo nuestras almas a través de la tinta, crearemos un vínculo eterno. Juntos, crearemos un mundo donde la amistad florezca y la felicidad sea nuestra cosecha. ¡Únete a mí en esta maravillosa aventura literaria!

¿Por qué llega la muerte?
¿Por qué nos roba un abrazo,
nos deja preguntas sin respuesta
y convierte un hogar en un regazo
de recuerdos que lloran en silencio?

 

¿Por qué, si amar es tan hermoso,
despedirse duele tanto?
¿Por qué el corazón, aun sabiendo
que todo tiene un final,
nunca está preparado
para decir adiós?

 

Preguntarse por qué llega la muerte
es enfrentarse a un misterio profundo,
una pregunta que atraviesa el alma
y que se escucha en cada rincón del mundo.

 

Nacemos, crecemos, soñamos,
construimos historias, aprendemos a amar.
Y aunque sabemos que somos pasajeros,
nunca queremos ver a los nuestros marchar.

 

Cada vida tiene su tiempo,
cada historia, su caminar;
pero nadie nos enseña
cómo se aprende a soltar.

 

Hay despedidas que parecen naturales,
como la de un bisabuelo que llegó a la vejez,
con hijos que ya formaron sus hogares,
nietos adultos y bisnietos que lo vieron crecer.

 

Su partida duele…
aunque haya vivido muchos años,
aunque haya conocido el amor de su familia
y dejado recuerdos en tantas manos.

Porque los años no borran el cariño,
ni la vejez nos prepara para perder;
a veces, quien nos acompañó toda la vida
es precisamente a quien más nos cuesta dejar de ver.

 

Y entonces ocurre lo inexplicable:
parte un niño que apenas comenzaba a vivir.
No conoció todos los sueños,
no pudo recorrer todos los caminos,
no tuvo tiempo suficiente para descubrir
cuánto amor había esperando por él.

 

Y el mundo parece detenerse.
Las palabras se vuelven pequeñas,
las preguntas se multiplican
y el alma se llena de tinieblas.

 

¿Por qué él?
¿Por qué tan pronto?
¿Por qué una vida tan pequeña
debe dejar un dolor tan grande?

 

No hay palabras que expliquen
lo que siente una madre al despedir a su hijo,
ni consuelo que pueda llenar de inmediato
el vacío de un abrazo perdido.

 

Y aunque una vida haya durado décadas
y otra apenas unos años,
el dolor no se mide por el tiempo vivido,
sino por el amor que queda entre las manos.

 

No existe una edad para llorar,
ni un calendario para el sufrimiento.
Cada corazón tiene su manera
de atravesar el duelo y el silencio.

 

Unos lloran a gritos,
otros lloran sin que nadie los vea.
Algunos encuentran refugio en la fe,
mientras otros apenas logran pronunciar una oración.

 

Y todos, de alguna manera,
buscan una razón,
una respuesta que calme la herida,
una luz que atraviese la oscuridad.

 

Quizás nunca comprendamos
por qué unos se van antes que otros,
por qué algunas despedidas llegan tan pronto
y por qué la ausencia duele tanto.

 

Pero hay algo que la muerte no puede borrar:
las huellas que deja el amor,
las palabras que siguen viviendo en la memoria,
los gestos que permanecen
y las historias que el tiempo no destruye.

 

Porque quien amamos no desaparece
de todo aquello que nos enseñó.
Su voz puede quedar en un recuerdo,
su ternura en una costumbre,
su presencia en una fotografía,
y su amor en cada corazón que tocó.

 

Muerte… ¿por qué?

 

Quizás sea la pregunta
que tantas almas seguirán haciendo.
Y aunque no encontremos todas las respuestas,
podemos permitirnos llorar,
extrañar, recordar
y seguir viviendo sin sentir culpa por hacerlo.

 

Porque despedir no significa olvidar,
y continuar no significa dejar de amar.

 

A quien hoy llora a un anciano,
a quien despide a un niño,
a quien perdió a su compañero,
a quien siente que se quedó sin camino…

 

Que nadie le apure el duelo,
que nadie minimice su dolor.
Cada pérdida tiene su propia historia,
pero todas merecen respeto y amor.

 

Y cuando las palabras ya no alcancen,
cuando solo quede el silencio,
que un abrazo sincero nos recuerde
que no tenemos que atravesarlo todo solos.

 

Porque la muerte podrá cerrar una historia,
pero no puede convertir en nada
todo el amor que esa historia sembró.

 

Y tal vez, cuando no podamos entender el porqué de una partida,

podamos comenzar por honrar la vida que tuvimos el privilegio de amar.

  • Autor: Reb Liz (Online Online)
  • Publicado: 19 de octubre de 2026 a las 23:29
  • Comentario del autor sobre el poema: Escribí este poema desde una pregunta que muchas veces nos hacemos cuando perdemos a alguien que amamos: ¿por qué? No tengo todas las respuestas, pero sé que cada despedida duele a su manera, sin importar la edad ni el tiempo vivido. Solo quise expresar, con palabras sencillas, ese dolor que muchas veces no sabemos cómo explicar. Lo dedico a todas las personas que alguna vez tuvieron que decir adiós y aprendieron a vivir con una ausencia en el corazón.
  • Categoría: Reflexión
  • Lecturas: 1


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