LA ÚLTIMA PALABRA

Lourdes Aguilar


AVISO DE AUSENCIA DE Lourdes Aguilar
En cada oportunidad que se presente estaré con ustedes
Mientras haya vida habrá poesía

Hay personajes peculiares que se nos cruzan constantemente en las calles y comercios, a veces los tenemos viviendo muy cerca de nuestras casas, personajes que protagonizan anécdotas que en ésta época bien podrían hacerse virales si se graban en el momento y lugares donde se desarrolle la escena digna de posteridad, sin embargo, ésta sucedió cuando las cámaras de los teléfonos no se usaban prácticamente en sustitución de los ojos para grabar cualquier incidente y pasarse un buen rato repitiendo ese breve lapso. Pues bien, decía que hay personajes que se hacen famosos aunque sea en la minúscula área de una colonia por uno, varios o sucesivos sucesos fuera de la expectativa de sus habitantes, como la ocasión en la que durante altas horas de la noche y mientras se desataba una torrencial tormenta se vio  tras una ensordecedor estrépito el resplandor intenso de lo que al principio parecía un descomunal rayo caído muy cerca de la avenida principal, un segundo estrépito y luego un tercero nos convenció de que no se trataba de un rayo sino algo peor; la interrupción de la energía eléctrica durante esos eventos nos hizo pensar que un transformador o quizás uno de los cables de alta tensión se habían dañado, pero no había manera de que se reparara mientras continuara lloviendo, solo quedaba esperar; pero hasta los más madrugadores se sorprendieron al amanecer, cuando nos enteramos por Simona que el poste, pues se trataba de un poste de concreto cuyos trozos se habían desprendido dejando al descubierto las varillas que, vencidas por el peso se habían doblado tensando peligrosamente los tres cables que lo sostenían, algunos recordaban un choque contra ese mismo poste lo cual explicaba  la ausencia de los trozos que fueron desprendiéndose silenciosamente, ocultos por la vegetación circundante y que había pasado desapercibido tanto por los vecinos como por los peritos que hicieron el reporte del accidente en su momento; pues bien, Simona explicó lo anterior asegurando que el reporte a la comisión de luz ya estaba hecho desde las dos de la madrugada (me la imaginé a esa hora, en plena tormenta, cubierta con una bolsa negra que le servía como impermeable, investigando la causa del sonido, los resplandores y los apagones). Siguió lloviendo hasta la tarde y se seguían escuchando esporádicamente el estrépito y los resplandores, pero la gente estaba informada desde muy temprano y aunque no se podía reparar, los trabajadores de la comisión de luz ya habían acordonado la zona (Simona personalmente los asistió y hasta les invitó unos cafés) quienes vivían cerca del poste dañado buscaron asilo con familiares y vecinos o simplemente rezaron un rosario hasta que ya en la noche y bajo la diligente mirada de Simona, más café y unas conchas el poste fue asegurado, los cables fijados y los trabajadores tan satisfechos que de haber podido hasta le regalaban uno de sus cascos
 Contar anécdotas mantiene  viva la memoria de la comunidad, de ese algo que por salir de la monotonía quedó grabado y perdura mientras se transmite un mensaje que pudiera ser jocoso, aleccionador o reflexivo, y en ésta ocasión me remito a ese tiempo, no tan lejano, cuando los habitantes de la colonia nos conocíamos por lo menos de nombre o de vista, y quien mejor los conocía (y me conocía) a pesar de no haber puesto los pies más allá de los umbrales de las casas era Simona, a quien siempre (como hasta ahora) se le podía ver afuera de su casa, sentada sobre una piedra, lista para inventariar los sucesos del día (solo le faltaba su escritorio) aparentemente se trataba tan solo de otra vecina chismosa, pero nadie sospechaba que adentro de sus fachas e incansable lengua había una versión burda de Sherlock Holmes, una auténtica embajadora de conflictos, lo cual quedó demostrado durante un período especialmente turbulento en la zona, con pandillas que solían merodear, dos en una bicicleta estudiando las casas, los horarios de sus dueños, chavos que usaban el área verde para drogarse, pleitos por dimes y diretes que surgían al calor de bebidas embriagantes, Simona, con sagacidad y una capacidad envidiable para detectar detalles contribuyó a identificar a aquéllos vándalos que observaban sin percatarse de que a su vez estaban siendo observados, vigilados y luego sorprendidos en flagrancia hasta que no les quedó más remedio que ir con su música, sus drogas y sus ganas de joder a otros rumbos.
 Así estaba la colonia cuando empezó a correr un rumor: en la zona habían dos mujeres conocidas por sus bravuconerías y falta de respeto en general a cualquier autoridad, ambas habían llegado de Guerrero hacía algunos años y trabajaban como meseras en bares de baja reputación, vivían en cuartos rentados, cada una con sus respectivas parejas y hasta donde se sabía sus hijos se habían quedado en Guerrero al cuidado de sus abuelas, se decía que le habían agarrado ojeriza a Simona porque a pesar de sus físicos corpulentos (Simona era prácticamente un fideo junto a ellas) y constantes provocaciones no habían logrado intimidarla, simplemente las ignoraba o se daba la vuelta sin bajar la vista, Simona parecía poseer una piel tan dura y resbalosa como la de las serpientes y eso era algo que las enardecía, así que en una de sus borracheras corrió el rumor de que las costeñas (así les llamaban) le iban a partir su madre a la Simona, Simona por su parte no cambió de actitud y el colmo llegó el día en que uno de los pollos de la costeña A (Alcira) se escapó y alguien más decidió adoptarlo sin avisarle, el pretexto era perfecto, según la costeña B (Brenda) la pinche Simona se había robado el pollo y hasta lo había cocinado en mole. Simona, al enterarse se encogió de hombros diciendo: "tanto escándalo por un pollo emplumado, como si no lo comieran pelón todos los días".
 El día sin embargo llegó, las costeñas, envalentonadas un domingo después de embriagarse toda la mañana, tomaron una tranca y lanzando improperios se dirigieron hacia la casa de Simona acompañados por el esposo de la costeña A que apenas podía tenerse en pie, chicos y grandes corrieron la voz y los más morbosos las siguieron para no perderse el espectáculo, otros le fueron a advertir a Simona del peligro, yo me encontraba cómodamente instalada en un segundo piso justo frente a su casa, así que nadie me contó y por eso puedo escribir lo que presencié sin intermediarios, conforme las costeñas se acercaban, el número de curiosos crecía , y sin embargo ahí estaba Simona, sentada en su piedra...no se escondió, no huyó, no tembló a pesar de los ruegos de sus hijos, quienes fueron a refugiarse con Remedios presintiendo tal vez una inminente orfandad, su esposo después dijo que se encontraba dormido ya que había trabajado un turno nocturno, pero yo desde mi posición privilegiada pude ver una cortina corrida. Las costeñas estaban a dos zancadas y con el palo en alto para darle la madrina de su vida, pero ella se levantó tranquilamente como se levanta una cobra al sonido de la flauta, con los ojos brillantes y los colmillos prestos para clavarse en la humanidad prieta de las costeñas y habló, tan solo habló como dando los buenos días: "¿Alcira, no ibas a ver a Nicolás hoy? Aquéllas palabras paralizaron a la susodicha, y es que no estábamos para saberlo, pero Simona sí para contarlo (de eso nos enteramos después) el tal Nicolás era un cliente frecuente con quien Alcira había planeado fugarse para lo cual guardaba tan celosamente el plan que ni a la costeña B se lo había contado, pero Simona no había terminado y antes de que pudieran reaccionar lanzó el segundo ataque: "Hola Brenda, ¿ya tienes el dinero de la tanda? lo fuiste a sacar antier ¿no? " Brenda se quedó tan pálida que hasta la borrachera se le bajó y no era para menos, la tanda que debía pagar era de 20,000 y es que no estábamos para saberlo pero Simona sí para contarlo (de eso nos enteramos después) la costeña B efectivamente acudió al banco pero no para pagar la tanda sino para transferir el dinero a una hermana suya con el fin de saldar ciertas deudas contraídas en Guerrero, el esposo de la costeña A, a pesar de borracho comenzó a cuestionar a su esposa acerca de la identidad de Nicolás y la costeña B, evidenciada frente a todos los vecinos, algunos de ellos participantes de la tanda soltó la tranca y sin decir palabra se regresó con paso vacilante hacia su casa, mientras los morbosos que esperaban ver a Simona revolcada y sangrante presenciaron las cachetadas jalones de la pareja que, olvidándose de Simona y la costeña B limaron sus diferencias en el pavimento a escasos metros de su casa. Simona siguió en su piedra, tan campante como siempre sin un rasguño, en cuanto a las costeñas, aplacadas un tiempo después de habérseles tendido sus trapitos al sol y temiendo achicharrarse con más ropa oculta en el clóset (que por sus silencios estaba a reventar una se mudó sin esposo antes de terminar el mes y la otra pasó varios meses en prisión acusada de fraude, y es que, como dice el dicho, más vale maña que fuerza y en el caso específico de Simona, más vale información en mano que dientes volando, eso sí, cómo consigue la información sigue siendo el mejor de sus secretos (y habilidades)

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  • Autor: Lourdes Aguilar (Online Online)
  • Publicado: 18 de octubre de 2026 a las 20:10
  • Categoría: Humor
  • Lecturas: 1


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