LA LAVANDA YA CASI NO HUELE

Felipe de la Mata

Gato

aún duerme.
No lo despiertes.

¿Percibes ese aroma a lavanda
que no lo abandona?

Se ha alejado de mí
y al sentirlo me quiebro.

Lo estoy perdiendo
y no sé cómo evitarlo.

¿En qué rincón de esta casa se esconde
la calma de su mirada, su abrazo?

¿Puedes hablarle?
¿Te entiende?

Dile que estoy aquí,
que existo,
que el amor sigue latiendo.

Que, si tiene miedos,
cargaremos sus dolores juntos.

Mira el desorden de esta habitación,
su oscuridad espesa.


¿Cómo decirle que no está solo,
como yo tampoco me sentí sola?
Hasta ahora…

Extraño sus manos
calmando mis ansias.

Echo de menos ese brinquito invisible
cuando le pedía ayuda,
como si quisiera resolver el mundo
para que a mí no me faltara nada.

Con él nada es tibio.
Y aunque me agotan sus tormentas,
he aprendido que un error por amor
no se reprocha: se perdona.

Ahora sólo hay silencio.
Lo miro dormido.

Tú estás junto a él,
y no sé si muero de amor
o de abandono.

Sólo sé que no olvido
aquel día de enero
en que, por el modo en que dolía,
entendí que no quería perderlo.

Desde entonces me gusta mirarlo
cuando no me ve,
cuando no actúa para nadie.

Cuando es él y sólo él.

Cuando está lleno de dudas,
cuando es torpe,
cuando se equivoca.

En esos momentos
siento que por fin es mío.

Lo amo, gato.

Dile que no sé qué más hacer.
Dile que la lavanda ya casi no huele.
Dile.

  • Autor: Felipe de la Mata (Online Online)
  • Publicado: 18 de octubre de 2026 a las 18:03
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1


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