Hola!!! Estare ausente por varios dias hasta que pueda hacer un poema nuevo ya que yo hago los poemas cuando pasa algo en mi vida o necesito soltar algo que llevo guardando bastante tiempo
Las amistades
Dicen que las amistades son una de esas cosas que todo ser humano necesita. Quizá porque nos regalan momentos que el tiempo no consigue borrar, risas que se quedan viviendo en nuestra memoria y personas que, sin darse cuenta, terminan convirtiéndose en un pequeño hogar.
A mí me tocaron dos personas especiales: Nicoleth y Celeste.
Y cuando digo especiales, no me refiero solamente a que sean mis amigas. Me refiero a que son de esas personas que, una vez que llegan a tu vida, te hacen preguntarte cómo pudiste vivir tanto tiempo sin conocerlas.
Ellas son mi todo. No sé qué haría sin ellas, y tampoco sé si algún día encontraré las palabras suficientes para explicar lo mucho que significan para mí. Han estado a mi lado en tantas situaciones que, si tuviera que recordar cada una de ellas, probablemente terminaría escribiendo un libro entero.
Lo bonito es que nunca hemos necesitado pensar igual para querernos. Tenemos opiniones distintas, perspectivas diferentes y maneras propias de entender el mundo. Sin embargo, jamás hemos necesitado cambiarnos entre nosotras para poder permanecer juntas. Nos escuchamos, debatimos y, aunque no siempre estemos de acuerdo, aprendemos a respetarnos.
Porque quizá de eso también se trata la amistad: de comprender que querer a alguien no significa convertirlo en una copia de nosotros mismos, sino permitirle ser quien es, incluso cuando piensa de una manera completamente diferente.
Y si tuviera que elegirlas, las elegiría a ellas dos. En este universo y en cada uno de los universos existentes. En cualquier realidad, en cualquier vida y en cualquier versión de mí misma, volvería a buscarlas hasta encontrarlas.
Porque son mi todo.
Desde que las conocí, mi vida se ha vuelto un poquito más alborotada, más ruidosa y, definitivamente, mucho más divertida. Con ellas no tengo que pensar demasiado en lo que digo, medir cada palabra ni esconder las partes de mí que quizá otras personas no entenderían. Puedo ser yo misma, sin filtros ni explicaciones. Puedo mostrarme tal y como soy, con mis rarezas, mis ocurrencias y todas esas pequeñas cosas que me hacen ser quien soy.
Y cuando estamos las tres juntas, Dios mío, qué trío tan peculiar.
No nos importa cómo nos mire la gente ni qué puedan decir de nosotras. ¿Que somos raras? Pues sí, ¿y qué? Tenemos nuestro propio humor, nuestras propias tonterías y una manera de divertirnos que quizá nadie más entendería. Pero eso es precisamente lo bonito: no necesitamos que el resto del mundo comprenda nuestra pequeña locura para disfrutarla.
Mientras podamos reírnos juntas, el mundo puede seguir hablando.
Nicoleth, por ejemplo, es un poquito torpe cuando se trata de consolarme. A veces no sabe qué decir ni cómo encontrar las palabras adecuadas, pero lo intenta. Y, aunque quizá no siempre sepa cómo ayudarme, puedo ver que quiere hacerlo. A veces, el cariño no sabe expresarse con palabras bonitas; a veces, simplemente es alguien intentando acompañarte, incluso cuando no sabe muy bien cómo.
Y Celeste tiene su propia manera de consolarme. Me escucha, me da su punto de vista y me ayuda a mirar las situaciones desde otra perspectiva. A veces, cuando estoy demasiado encerrada en mis propios pensamientos, escucharla me permite descubrir cosas que antes no había visto.
Son diferentes, incluso en la manera de demostrarme cariño, pero ambas tienen algo que valoro muchísimo: puedo acudir a ellas siendo yo misma, incluso en esos días en los que ni yo sé muy bien cómo me siento.
Y me habría encantado saberlo antes.
Me habría encantado saber que, después de tantas amistades que me hicieron llorar, algún día conocería a dos personas con las que podría reír hasta olvidarme de mis penas. Me habría gustado saber que no todas las personas que llegan a mi vida están destinadas a decepcionarme, que algunas llegan para quedarse y que perder ciertas amistades no significa que el cariño se haya terminado para siempre.
Quizá, si hubiera sabido que ellas me esperaban en algún lugar de mi futuro, habría llorado un poquito menos por quienes no supieron quedarse.
Pero supongo que hay cosas que solamente comprendemos cuando llegamos al otro lado del dolor.
También amo que podamos hablar de tantas cosas, que podamos debatir durante horas y descubrir que, aunque miremos el mundo desde lugares distintos, eso nunca tiene por qué separarnos. Me gusta saber que ninguna necesita ganar una discusión para sentirse escuchada, que podemos defender nuestras ideas sin convertirlas en armas y que, al final, seguimos siendo las mismas tres amigas de siempre.
Porque una amistad no debería obligarte a elegir entre tener tus propias opiniones y conservar a las personas que quieres.
Nunca nos hemos peleado, y no sé qué nos deparará el futuro. Tal vez algún día discutamos, nos enojemos o no logremos entendernos a la primera. No puedo prometer que jamás tendremos diferencias, pero me gusta pensar que, si alguna vez sucede, encontraremos la manera de volver a hablarnos.
Porque lo nuestro me importa demasiado como para dejarlo ir por algo que podamos solucionar juntas.
Hay quienes dicen que los grupos de tres nunca funcionan, que siempre hay una persona que termina sobrando, una que se queda atrás mientras las otras dos caminan juntas.
Durante mucho tiempo, quizá esas palabras fueron ciertas para algunas personas. Pero hoy puedo decir que no todas las historias tienen que terminar de la misma manera.
Porque nosotras somos tres, y ninguna necesita convertirse en la sombra de las otras dos para tener un lugar.
Aquí hay espacio para las tres.
Para nuestras diferencias, nuestras risas, nuestras conversaciones interminables y hasta para nuestras tonterías más inexplicables. Aquí nadie tiene que competir por cariño ni preguntarse si realmente pertenece.
Y si algo he aprendido gracias a ellas, es que las amistades bonitas sí existen. Que puedes encontrar personas con las que no necesitas fingir, personas que te permiten crecer sin exigirte que dejes de ser tú misma, personas con las que incluso los días más ordinarios terminan convirtiéndose en recuerdos que quisieras guardar para siempre.
Así que no, los grupos de tres no están destinados a fracasar.
A veces, simplemente, necesitamos encontrar a las personas correctas.
Y yo tuve la suerte de encontrar a las mías.
Nicoleth y Celeste.
Mis dos personas favoritas, mis compañeras de tantas pequeñas locuras y dos de las personas que volvería a elegir incluso si tuviera que empezar mi historia desde cero.
Porque, si existen infinitos universos, quiero creer que en cada uno de ellos hay una versión de mí que también tiene la suerte de conocerlas.
Y que, sin importar dónde, cuándo o cómo, las tres siempre terminamos encontrándonos.
Porque hay personas que llegan a tu vida para compartir una etapa.
Y hay otras que, cuando imaginas todos tus futuros posibles, quieres que aparezcan en cada uno de ellos.
Ellas son mis personas correctas.
Y yo, entre tantas posibilidades que pudo haberme regalado la vida, tuve la fortuna de coincidir con ellas.
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Autor:
Titi (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 17 de octubre de 2026 a las 18:26
- Categoría: Amistad
- Lecturas: 1

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