El presente está dentro de mi alma.
No corro.
No persigo las horas ni intento convencer al mañana de que me espere.
El mundo continúa girando
detrás de la ventana,
pero permanezco quieta,
con la cabeza apoyada sobre mis brazos,
escuchando ese silencio
que casi nunca me permito.
Respiro.
Y en ese simple gesto descubro
algo que estaba escondido,
dentro de mí: un espacio diminuto donde nada me exige nada.
La luz entra despacio.
Se posa sobre mi piel, sobre mis manos.
No hago nada.
Y, por primera vez, no hacer nada no significa perder el tiempo.
Significa encontrarlo.
La vida permanece latente,
como una habitación interior cuya puerta siempre está abierta.
Es el margen entre un pensamiento y otro.
El pequeño respiro que queda cuando dejo de llenar cada instante con ruido.
No necesito marcharme.
El presente me abraza sin brazos.
La vida corre.
Y quizá la verdadera paz sea exactamente eso:
no tener que alcanzar otro lugar,
no tener que esperar otro momento.
Solo este.
Solo ahora.
Solo yo, respirando dentro de mi propia calma.
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Autor:
nuria de espinosa (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 16 de octubre de 2026 a las 12:49
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 1

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