EL ARTE DE NO TENER NUNCA RAZÓN

El desalmado

Llegaron los hombres de bata impecable,

buscando el secreto del gran vejestorio,

un caso ideal para el laboratorio,

un siglo de vida, salud envidiable.

 

El jefe del grupo, con pluma y libreta,

le pide el secreto de toda esa suerte:

«¿Por qué no lo alcanza jamás la muerte?

¿Cuál es su rutina, cuál es su receta?»

 

El viejo sonríe, relaja el semblante,

y dice sin prisa, con un tono ufano:

«No busquen la clave en el aire sano,

ni en el ejercicio o la dieta constante.

 

La causa mayor de este largo camino,

el truco que acaba con cualquier trifulca,

es que no discuto por ver quién triunfa,

ni busco pelea jamás con vecino.»

 

El médico, atónito y muy altanero,

rechaza enfadado esa explicación:

«¡No va a ser por eso que vive un montón!

¡Hombre, por Dios, no sea tan lisonjero!»

 

El sabio lo mira, su paz no se altera,

no busca medallas, ni aplauso, ni honor;

le cede la vana victoria al doctor

y acaba el debate de buena manera.

 

«Pues no será así...» le responde al instante,

mientras saborea una taza de té;

«el viejo calló pues no sabe el por qué»,

anota el galeno, con ceño arrogante.

 

Y así, aquel anciano, con pulso calmado,

contempla las notas que el doctor tomó,

porque no le importa decir: «usted ganó»

y sabe que el tiempo está de su lado.

  • Autor: El desalmado (Offline Offline)
  • Publicado: 16 de octubre de 2026 a las 09:02
  • Comentario del autor sobre el poema: A veces me identifico con el anciano, y otras con el doctor...
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1


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