Escribe sin miedo,
sin puntos finales,
sin borrar.
Deja que la mano tiemble,
deja que duela.
Escribe eso que no te atreves a decir,
ese nombre que callas,
ese te extraño que escondes
debajo de la almohada.
Escribe como si nadie te fuera a leer,
sin vergüenza,
sin filtro,
como lloran los niños,
como rezan los viejos.
Pero escribe sabiendo
que el alma del mundo te escucha.
Que cada letra tuya
mueve un viento en otra parte.
Que alguien, en algún lugar,
va a respirar mejor
porque tú te atreviste a escribir.
Escribe roto,
escribe entero,
pero escribe verdadero.
Que el universo no lee palabras,
lee almas.
Y la tuya,
cuando escribe así,
ilumina.

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