Unos ojos verdes detienen el tiempo
en la frontera de su rostro,
como si alguna tarde de la infancia
se hubiera vuelto seria de repente.
No sé qué historia guardan sus pupilas,
ni qué nombre recibe su silencio,
ni cuántas primaveras han pasado
sin encontrar respuesta a sus preguntas.
Sus labios quietos mantienen
esa expresión de quien sabe
que no todas las cosas de este mundo
merecen una palabra.
Y, sin embargo, hay algo
de ternura escondida en su firmeza:
un rescoldo que resiste,
una inocencia que se niega
a renunciar del todo a la esperanza.
No pide compasión.
Ni busca nuestra lástima.
Nos mira simplemente,
con la serenidad de quien conoce
los nombres secretos del dolor
que nosotros apenas balbuceamos.
Quizá sus ojos guarden
la memoria de un sueño interrumpido,
el calor de unas manos,
o la pequeña historia de una niña
todavía solicitando a la vida
que cumpla sus promesas.
No anuncia su nombre,
ni el lugar donde empiezan sus recuerdos.
Pero hay algo en sus ojos
que nos deja indefensos,
como si de repente nos miraran
todas las injusticias de la tierra.
Y quisiera decirle
que aún existen mañanas luminosas,
jardines creciendo entre las piedras,
y que ninguna tristeza tiene derecho
a quedarse por siempre en una vida.
Pero guardo silencio.
Porque frente a esos ojos
las palabras parecen poca cosa.
Y descubro lentamente
que no soy yo quien mira su tristeza,
que es ella quien me observa
desde el lugar más hondo de la vida.
Porque tal vez sus ojos
no estén pidiendo nada,
sino haciendo una pregunta
que ninguno de nosotros
se ha atrevido a contestar.
Autor: José Antonio Artés Sánchez
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Autor:
José Antonio Artés (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 15 de octubre de 2026 a las 20:03
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 2
- Usuarios favoritos de este poema: Tommy Duque

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