Nací entre lágrimas y pobreza, donde el hambre era mi compañera y la soledad mi única amiga. Fui un niño al que nadie quiso, que aprendió a llorar en silencio porque hasta sus lágrimas parecían molestarle al mundo.
Mis padres me dieron golpes cuando necesitaba abrazos, desprecio cuando buscaba cariño. Crecí preguntándome por qué había nacido en una familia donde nunca encontré refugio.
Mi primer amor también se marchó. No porque yo fuera pobre, sino porque nunca supe demostrarle cuánto la amaba. ¿Cómo iba a enseñarle a sentirse querida si nadie me había enseñado a mí? El día que se fue, mi corazón se rompió en pedazos. La esperé durante años, pero ella nunca regresó.
Jurando no volver a ser aquel pobre despreciado, trabajé hasta convertir mis lágrimas en millones. Compré mansiones, automóviles y lujos que antes parecían imposibles. Los que me humillaron comenzaron a llamarme amigo, pero ninguno conocía las heridas que escondía mi sonrisa.
Lo tenía todo, menos aquello que más deseaba: volver a ser amado sinceramente. Algunas noches habría entregado mi fortuna entera por un abrazo de mi madre, una palabra bonita de mi padre o un último beso de aquella mujer que jamás volvió.
Hoy escribo mi último poema. Mi cuerpo se debilita, mis manos tiemblan y la muerte espera pacientemente. Soy millonario, pero por primera vez en mi vida no puedo comprar otra oportunidad.
Si alguien encuentra estas palabras, no recuerde mis riquezas. Recuerde al niño que lloraba con hambre, al hijo que nunca recibió cariño y al hombre que perdió su primer amor sin saber cómo demostrarle que la amaba.
Qué cruel fue la vida conmigo: cuando no tenía nada, nadie me quiso; cuando tuve millones, muchos se acercaron, pero ya no sabía en quién confiar. Me pasé la vida buscando amor y terminé rodeado de cosas que no podían abrazarme.
Ahora mis ojos se cierran y una lágrima cae sobre el papel. Quisiera regresar al pasado, abrazar a aquel niño y enseñarle a amar antes de que fuera demasiado tarde. Pero el tiempo no perdona y mi despedida ha llegado.
«Fui pobre y nadie me quiso; fui rico y nadie pudo devolverme lo que perdí. Construí un imperio para conquistar el mundo, pero jamás pude conquistar el corazón de la mujer que amaba».
Mi pluma cae, mi respiración se apaga y la habitación queda en silencio. Muere el millonario, dejando una fortuna que otros heredarán y un poema que nadie podrá terminar por él. Y así termina mi historia: con millones en las manos, recuerdos en el alma y un último suspiro dedicado a la mujer que esperé hasta el día de mi muerte.
Poeta: Esequiel
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Autor:
Poeta Esequiel (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 15 de octubre de 2026 a las 18:07
- Comentario del autor sobre el poema: El dinero no puede comprar la felicidad y mucho menos el amor. Amar es lo más hermoso que tenemos el ser humano e incluso no lo valoramos.
- Categoría: Carta
- Lecturas: 1
- Usuarios favoritos de este poema: esequiel Enrique Velásquez Salcedo

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