Qué onda, rubia, pasá.
Hay de todo por acá:
Humo gris, luces, pepas
Y mucho alcohol. Tomá.
¿Qué perfume hoy usás?
¿De dónde viene este oro?
Estás hermosa, tesoro.
Acercate, nena, ¿bailás?
La cabeza gira pesada,
La vista fija y perdida.
Te movés muy bien, osada.
¿Empezamos la partida?
Te invito al altillo.
Quiero ver tu castillo.
Te besaré, abrazaré,
Lo que desees... te haré.
Al fin estamos solos.
No tardaste en decidirte.
Demasiado fácil rendirte.
Y más lo será derretirte.
De verdad, esta es bella,
Ilumina como estrella.
A su vez, rara, extraña.
¿Cómo se llamará ella?
No prometamos amor...
Ni tampoco culpa o dolor.
Solo una noche de ardor...
Y madrugada de pavor.
Sí. Sí. Sí...
Ya estamos relajados.
Mejor de lo esperado.
Suaves y moderados,
Casi como tu amado.
Serás mi número cincuenta...
Creo. ¿O era sesenta?
Jaja. ¡Perdí la cuenta!
¿Y qué? Otra Cenicienta.
Ambos al día siguiente,
Cómplices y sonrientes.
Eso pasa cuando sientes.
Gritás, no callás ni mientes.
Chau. Hora de despedirnos.
No pensemos en pedirnos.
Nuestras vidas siguen su curso.
Y yo... mi preciado concurso
.Vos no parecés resistirte.
No te molesta ya irte.
Veo que no estás triste...
El futuro no existe.
Parte de nuestra generación:
Sin compromiso... ni negación.
Directo a la sensación.
Vacío oculto en colección.
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Autor:
Isgo (
Online) - Publicado: 14 de octubre de 2026 a las 13:55
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 2
- Usuarios favoritos de este poema: Salvador Santoyo Sánchez

Online)
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