Al fin miré a los ojos la distancia
y le pagué la deuda a mi pasado,
aquella vieja fe que había guardado
como un perfume de marchita infancia.
y le pagué la deuda a mi pasado,
aquella vieja fe que había guardado
como un perfume de marchita infancia.
De Chimbote partió el dolor callado,
cruzando el ancho mar en el olvido,
dejando atrás el puerto conocido
por un rumbo de sal purificado.
cruzando el ancho mar en el olvido,
dejando atrás el puerto conocido
por un rumbo de sal purificado.
El Mediterráneo abrió su calma clara
y el Adriático unió su azul testigo;
hoy el destino es un eterno amigo
que borra la nostalgia de la cara.
y el Adriático unió su azul testigo;
hoy el destino es un eterno amigo
que borra la nostalgia de la cara.
No hizo falta firmar ningún papel
ni pronunciar la voz del juramento;
cumplí, callado y libre, con el viento
la hermosa promesa en la piel.
ni pronunciar la voz del juramento;
cumplí, callado y libre, con el viento
la hermosa promesa en la piel.
Hoy el ayer descansa en su trinchera,
ya no me debe nada el buen camino;
por fin el niño abraza su destino
y se sienta a esperar la primavera.
ya no me debe nada el buen camino;
por fin el niño abraza su destino
y se sienta a esperar la primavera.
Pedro Antonio Bolivar Loncarich
-
Autor:
Bolivar Loncaric Pedro (
Online) - Publicado: 14 de octubre de 2026 a las 08:53
- Comentario del autor sobre el poema: A veces el viaje más largo no es el que cruza los mares, sino el que sana los recuerdos.
- Categoría: Amor
- Lecturas: 1

Online)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.