Esculpida en ébano y firmeza,
llevabas en la mirada la sabiduría de Senegal,
un templo joven de fuerza e intuición,
un cuerpo de diosa donde el mundo se hace verdad.
Me quisiste sin dobles ni sombras,
con la gracia pura de quien no necesita poseer,
y en ese encuentro sagrado y distante,
fui llamado a aprender.
El amor no es solo el vértigo que ciega,
ni el fuego ciego de una ráfaga irracional,
es la grieta por donde la luz se cuela,
la puerta abierta a la verdad última y plural.
Al amarte, el ego tuvo que rendir sus armas,
desamarrar la barca de la certidumbre.
Pude comprender que hay un centro fuera de mi alma,
un horizonte de misterio que ni controlo ni consume.
Habitar tu ausencia es habitar el misterio,
aprender a mirar la realidad en su estado puro,
reconocer que existes, libre y sublime,
como un mapa lejano, descifrado y seguro.
Ese fue tu regalo, hacerme ver el universo
no desde el espejo de mi propia necesidad,
sino desde el asombro humilde de saber
que el amor es comprender.
Amarte de forma platónica no fue carencia,
ha sido, haber encontrado en ti un canal de empatía,
conectar con el mundo
y despegarme de mi propio ego
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Autor:
Leoness (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 14 de octubre de 2026 a las 07:17
- Categoría: Amor
- Lecturas: 1

Online)
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