EL TERRITORIO SECRETO DE TU ALMA
Hay algo de ti que no me pertenece,
un jardín que florece cuando estoy ausente,
una música que nace en tus silencios
y que mis manos jamás podrán tocar.
A veces te contemplo y me pregunto
qué océanos atraviesan tu mirada,
qué nombres duermen bajo tus pestañas,
qué fuego te ilumina cuando nadie
pronuncia mi nombre en tu memoria.
No temo la belleza de otros hombres,
ni sus promesas vestidas de domingo;
temo esa puerta invisible que se abre
en lo más hondo de tu pensamiento,
allí donde no llegan mis caricias
ni mis palabras pueden echar raíces.
Porque amarte es también esta derrota:
saber que tienes alas y no puedo
seguir cada horizonte que atraviesas,
que existe en ti una patria misteriosa
donde mi amor no tiene residencia.
Yo quisiera ser lluvia en tus desiertos,
la sangre que acompaña tus latidos,
el pan que se reparte entre tus hambres,
la lámpara encendida en tus inviernos.
Pero no puedo habitar tus pensamientos
como habito la tibieza de tu abrazo,
ni ponerle cadenas a la noche
para impedir que sueñes otros mundos.
Y entonces me descubro, torpe y humano,
con esta antigua fiebre entre los huesos:
quisiera ser el único recuerdo
que encienda tu sonrisa en la distancia,
el único rumor que te acompañe
cuando la soledad cierre tus ventanas.
Sin embargo, voy comprendiendo lentamente
que el amor no es una casa sin ventanas,
ni un puño que se cierra sobre el agua,
ni un pájaro obligado a permanecer
donde una mano insiste en retenerlo.
Si alguna vez tus ojos se extravían
por caminos que ignoro y no comprendo,
no quiero ser el juez de tus silencios
ni el carcelero oscuro de tus sueños.
Quiero que permanezcas porque quieres,
no porque el miedo te cierre las salidas;
que tu cuerpo me encuentre por deseo,
que tu corazón regrese por voluntad,
y que tu voz, al pronunciar mi nombre,
no sea la respuesta que exige mi temor,
sino la verdad que libremente eliges.
Porque si alguna vez te tengo entera
solamente porque el mundo te ha negado,
no tendré tu amor: tendré su sombra,
un cuerpo junto al mío y dos ausencias.
Y yo no quiero una victoria vacía,
ni una ternura sometida a vigilancia.
Quiero ese milagro difícil y profundo:
que entre millones de caminos posibles,
entre ciudades, rostros y destinos,
tu libertad encuentre en mí su puerto,
y que, pudiendo irte hacia la vida,
decidas compartir conmigo el viaje.
Entonces mis celos serán apenas
una nube cruzando el mediodía,
y aprenderé que amar no es poseer el alma,
sino besar la tierra donde crece
sin pretender adueñarme de sus raíces.
— Luis Barreda/LAB
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Autor:
Luis Barreda Morán (
Online) - Publicado: 14 de octubre de 2026 a las 05:26
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 2

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