Escucha, gato,
no te vayas.
Por momentos,
me miras
como si hubiera cambiado.
Hay tantas cosas
entre ella y yo
que deberían separarnos.
Lames tu bigote
como si supieras
lo que no quiero saber.
Confieso:
la pienso
con la devoción de un santo.
Su nombre suena
a campana
de San Juan Evangelista,
esa que nos despierta
a ti y a mí
cada domingo.
En ella encuentro
una patria pequeña.
En sus manos blancas
vuelven los dedos afilados
de mi abuela Elvira.
En ella encuentro
mi fe perdida.
Añoro caminar
de nuevo
por los siete templos
de Mixcoac.
Volver a saborear
la nieve de fresa
a la salida de la iglesia,
y guardarla en la lengua
como un secreto.
Ya ves,
gato amigo,
no es la primera vez
que me arrodillo…
ante un milagro
incomprendido.
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Autor:
Felipe de la Mata (
Online) - Publicado: 13 de octubre de 2026 a las 14:59
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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