El doce de octubre ha quedado en la historia, grabado entre conquistas, dolor y contradicción; unos lo llaman fecha de grandeza y de gloria, otros recuerdan sangre, despojo y humillación.
Le llaman descubrimiento de un continente, como si nadie habitara esta tierra ancestral, como si no existiera un pueblo inteligente, con cultura, con historia y una identidad original.
Cuando Colón llegó a las tierras americanas, no encontró un mundo vacío, sin dueño ni razón; ya existían pueblos, culturas soberanas, con sus dioses, sus costumbres y su propia visión.
No nacieron sus raíces al llegar el extranjero, ni su historia comenzó con la llegada europea; eran hijos de esta tierra, de su suelo verdadero, con saberes milenarios que el tiempo aún recrea.
Y al encuentro de dos mundos le llamaron conquista, pero el precio fue muy alto para el pueblo originario; la ambición se disfrazaba de una noble evangelista, mientras se abría la historia de un dolor extraordinario.
Se impusieron nuevas leyes, otra lengua y otra creencia, se persiguieron sus dioses, sus rituales y su honor; se intentó borrar sus huellas, silenciar su resistencia, y cambiar por obediencia su cultura y su valor.
¡Cuántos pueblos sucumbieron bajo el hierro de la espada! ¡Cuántas vidas se perdieron por codicia y ambición! ¡Cuánta sangre fue vertida, cuánta historia silenciada, cuántos sueños sepultados por la fuerza y la imposición!
Y llegaron las misiones con la cruz entre sus manos, a enseñar una doctrina como única verdad; se olvidaron de que aquellos hombres eran humanos, con derecho a sus creencias, a su propia libertad.
Las epidemias llegaron, devastando poblaciones, y la muerte abrió sus alas sobre el mundo ancestral; no bastaron las heridas ni las crueles imposiciones: también fueron sus costumbres condenadas al olvido cultural.
Les cubrieron con ropajes, les cambiaron las maneras, les negaron sus raíces por llamarlas inferior; sin comprender que en sus pueblos florecían primaveras de una ciencia milenaria, de sabiduría y valor.
Hoy la fecha tiene nombres que han cambiado con los años: Día de la Raza, encuentro, diversidad cultural; pero aún debemos ver, más allá de los engaños, si hubo encuentro entre iguales o dominio colonial.
Porque un pueblo no se descubre si ya tiene su memoria, ni se conquista sin dejar cicatrices de dolor; no hay grandeza verdadera cuando se falsea la historia ni se puede hablar de progreso si se impone por terror.
El doce de octubre no es solamente un feriado, ni una fecha que se cumple para descansar y olvidar; es un espejo del pasado que nos deja interrogados: ¿cuántas voces de los pueblos aún debemos escuchar?
Que no se borre la historia, que se escuche al oprimido, que se respete a los pueblos y su forma de existir; que ningún ser humano sea jamás desconocido por su lengua, por su origen o su manera de vivir.
No se trata de negar lo que el pasado nos ha dado, ni de alimentar el odio entre pueblos y nación; se trata de que el tiempo no nos deje equivocados, ni llamemos gloria eterna a la injusticia y la opresión.
Que florezca la memoria donde hubo sufrimiento, que la justicia repare lo que el tiempo no borró; que se escuche en cada pueblo la verdad de su lamento y se honre la dignidad que la conquista atropelló.
Porque América no nació el doce de octubre, ya tenía sus raíces, su grandeza y su identidad; y aunque el tiempo sus heridas y sus cicatrices cubre, vive el alma de sus pueblos reclamando dignidad.
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Autor:
Ermitaño Soñador (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 13 de octubre de 2026 a las 06:17
- Comentario del autor sobre el poema: Poema reflexivo sobre la conquista de América, la resistencia indígena y la pérdida de identidad cultural.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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