Hermosa como si algo se hubiera equivocado
a favor del mundo.
No sos la luz.
Desmentís la sombra.
Tenés en la frente un amanecer demasiado grande,
un relámpago frágil
cruzándote los ojos.
En el pelo
enredaderas de humo,
de azafrán, de medianoche,
que te llevan como una llamarada prestada.
Hermosa con una hermosura que te rebalsa la cara,
te desborda por los hombros,
te corre por los brazos.
Es esa forma de mostrarte
y hacer que todo lo demás
parezca venir de lejos.
Cuando caminás, el suelo parece corregirse,
y las vidrieras se disputan tu reflejo.
Cuando te callás,
el silencio se llena de timbres,
de panales, de mares
puestos de rodillas.
Es una belleza casi injusta,
que no adorna y lastima un poco,
muestra hasta dónde pudo haber llegado el mundo
si no se hubiera conformado tan pronto.
Y sin embargo no sos perfecta.
Llevás esa imperfección radiante de las cosas vivas.
Te veo y el mundo se vuelve insuficiente.
Las metáforas llegan tarde
y las palabras, en la boca, envejecen de repente.
Porque sos hermosa como no alcanza a serlo nadie:
hasta el error, hasta esa zona
donde mirar ya no es mirar, ni ver,
sino quedarse un poco enceguecido
por haberte visto.
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Autor:
Eduardo Villacal (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 12 de octubre de 2026 a las 22:46
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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