Hay una fecha que no se celebra, se recuerda.
12 de octubre.
El día que dos mundos se miraron por primera vez,
con miedo, con asombro, con violencia y con esperanza.
No fue solo la llegada de un barco,
fue el encuentro de lenguas, de dioses, de sangres.
De la guitarra y el tambor,
del trigo y el maíz,
de la cruz y el sol.
Somos hijos de ese choque,
ni de un lado, ni del otro,
somos el mestizaje.
Somos el color canela, el acento mezclado,
la historia que duele y a la vez nos hizo nacer.
Hoy no se trata de festejar la conquista,
ni de borrar lo que fuimos.
Se trata de reconocernos:
con orgullo por nuestras raíces originarias,
con memoria por lo que se perdió,
y con respeto por lo que somos ahora.
Un pueblo que no olvida,
pero que aprende a abrazar toda su sangre.
Porque somos raza,
somos encuentro,
somos América.
Y en mi corazón
América, mestiza y eterna.

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