Maremoto del olvido

José Luis Barrientos León

 

Emerge la noche con su hocico de lobo y su cargamento de sombras,

el viento del invierno aúlla sobre mi pecho devastado.

Es la hora de la nada, la hora en que el corazón se triza,

mientras el aire arrastra aquel recado de fuego que te daba.

 

Nació de mi garganta una marea de palabras ciegas,

un canto huérfano, pintado con el luto de mi voz salvaje,

arrojado a los acantilados del viento, desparramado en la niebla,

hacia ninguna orilla, hacia ningún refugio, hacia la nada absoluta.

 

¡Oh posesión perdida, oh gran amor que el tiempo devora!

Nada es tan puramente mío como el eco de lo que he perdido.

Adoro la distancia que nos separa, el hueco de tu ausencia,

la belleza terrible de lo que mis manos ya no tocan.

Por eso escarbo en la arena fría, como un perro herido,

buscando el espectro de aquella luna que arañaba el lomo del agua.

Pero la playa está vacía y solo queda la sal de mis lágrimas.

 

Yo era el ala fugaz, el pájaro de tempestad que no tenía patria,

el vagabundo de los cielos que rehuía todas las jaulas.

Pero doblé mis plumas, rompí mis brújulas de viajero

para quemar mis naves y anidar bajo el cielo de tus brazos.

¡Todo lo abandoné por el peso dulce de tu cuerpo!

 

Si hubo luz en mi barro, si fui limpio como el rocío matutino,

si el mundo vio en mí alguna hermosura o vestigio de gracia,

fue tan solo el reflejo de tu piel sobre mi piel oscura,

allí donde moría, prisionero y dichoso,

enredado en el nácar de tu cuello y la colina de tus senos.

 

Ahora solo queda el viento que todo lo arrastra,

la canción desesperada que se apaga en la costa de la noche.

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  • Autor: Jose Barrientos (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 12 de octubre de 2026 a las 11:30
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1


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