Ya no siento nada,
soy apenas una luciérnaga,
un alma cansada de la lucha,
que ya no cree en la mentira.
Ya pienso en el mañana.
Ahora vas de digna,
mientras yo, de hojalata,
me doblo, me deformo,
cedo sin hacer ruido.
Sin embargo, te preocupa
nuestra probable ruptura.
Lo superficial te ahoga:
ser la villana, ser la causa.
Pero es que ya no siento nada,
me parezco a una estatua.
Tanta anomia me dilata,
me condena a la indolencia,
a esta quietud inútil
de quien ya no espera nada.

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