Ando por Ahí.
Humanízate
Me dijeron que dejara al corazón hacer su trabajo, que ya bastante mierda tenía el mundo como para venir yo también a declararle la guerra a lo que sentía.
Que hablara menos con los dientes y más con las entrañas, que no escondiera en los ojos lo que me daba vergüenza decir con la boca.
Pero uno aprende pronto a tragarse ciertas cosas.
Primero por miedo, después por orgullo, y al final porque ya no recuerda cómo carajos se hacía para escupirlas.
Siempre fuiste terco con tus sentimientos. Los enterraste tan hondo que hasta tú dejaste de buscarlos.
Y qué gracioso, ¿no? Tanto miedo a que los demás descubrieran quién eras que terminaste siendo un extraño en tu propio cuerpo.
Pero qué importa.
Mírate, perro viejo, arrastrando los huesos de guerras terminadas, mordiéndolos como si todavía tuvieran carne, como si soltar el dolor fuera lo mismo que traicionar al animal que tuviste que ser para sobrevivir.
Te aferras a tus cicatrices porque al menos esas sabes nombrarlas. Porque es más fácil decir así soy que admitir que llevas años sangrando por una herida que ya ni siquiera recuerdas.
Y ahí estás, con el hocico lleno de polvo, gruñéndole a cualquiera que se acerque, confundiendo la soledad con la paz y el silencio con la maldita fortaleza.
Te escondiste tanto de los otros que un día miraste detrás de la puerta y no había nadie.
Ni siquiera tú.
Solo un animal cansado durmiendo sobre sus propias ruinas.
Así que deja de hacerte el fuerte, por Dios, que nadie va a darte una medalla por morirte de hambre junto al plato que nunca te atreviste a tocar.
Sé honesto contigo mismo.
No todo lo que duele te pertenece. No toda herida merece convertirse en casa. Y no tienes que seguir arrastrando un cadáver solo porque alguna vez lo llamaste amor.
Humanízate, carajo.
Deja que algo te duela sin convertirlo en una condena. Deja que alguien te quiera sin enseñarle los dientes. Y cuando te mires al espejo, por una maldita vez, no busques al culpable.
Busca al hombre que dejaste abandonado ahí.
Después, si todavía te quedan ganas, abrázalo.
No para salvarlo. No para perdonarlo todo.
Solo para que sepa que esta vez no vas a dejarlo solo.
Porque ya has pasado demasiados años aprendiendo a sobrevivir sin ti.
Y tal vez amar, amar de verdad, empiece el día en que dejes de tratarte como algo que merece ser castigado.
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Autor:
Luis Donaldo (
Online) - Publicado: 11 de octubre de 2026 a las 17:25
- Comentario del autor sobre el poema: Necesito ir a terapia.
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 1
- En colecciones: HUMANIZATE.

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