Mis peores penas han sido por ti,
mis peores gritos de rabia
también llevan tu nombre.
Ya no puedo más
entre estas cuatro paredes.
Afuera me siento feliz,
pero al entrar
algo dentro de mí se apaga.
Quiero hacer todo bien,
te lo juro, lo intento.
Pero basta una palabra tuya
para destruir todo lo que llevo dentro.
Intento que no me dé rabia,
intento callarme,
intento fingir que no me duele.
¿Sabes cuántas heridas tengo en la boca
de tanto morderme
para no decir lo que siento?
No quieres saberlo.
Estoy molesta.
Estoy mal.
Te amo,
pero ya no sé cómo hacerlo
sin terminar llorando.
Te doy todo de mí,
te cuento todo,
te muestro hasta mis sueños,
para que después,
cuando llegue la hora,
uses mis palabras en mi contra.
Dime, ¿qué más quieres de mí?
Tengo los ojos rojos,
me arden,
me pesan.
Y aun así,
parece que mis lágrimas
no consiguen decirte nada.
Tú, que tantas veces dices amarme,
eres quien me hace dudar
de todo lo que soy.
Y sí, me gusta volar,
imaginar quién seré de grande,
soñar con una vida distinta.
Y aunque me llames burra,
aunque me hagas sentir pequeña,
hay algo que todavía no consigues quitarme:
las ganas de demostrarme
que sí puedo.
Odio cómo me miras
cuando estás molesta.
Odio tus cambios de humor,
tener que acomodarme a tus emociones
como si las mías no existieran.
Odio tus insultos.
Odio tener que preguntarme
si hoy podré hablar contigo
sin terminar sintiéndome culpable.
¿No ves que me estás hiriendo?
A veces creo que no te importa.
Te encierras en ese cuarto
y dejas que el silencio lo cubra todo.
¿De verdad crees
que así se arregla lo que duele?
Ya no sé.
Solo quiero que vuelva
esa persona que tanto deseaba tener.
O quizá nunca fue así,
quizá la imaginé,
quizá quise tanto creer en ella
que olvidé mirar
en quién se estaba convirtiendo.
¿Sabes?
Me pesan los ojos por ti.
Me pesa el pecho,
me pesan las palabras
que nunca me atrevo a decir.
Duerme en otro lugar.
Habla de tus logros en otro lugar.
Cuenta tus sueños en otro lugar.
Pero déjame un espacio
donde yo también pueda existir.
Y entonces me escucho
repitiendo las mismas órdenes
que ya aprendí de memoria:
No llores.
No grites.
No contestes.
No reclames.
No digas lo que te duele.
Eso no le gusta a mamá.
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Autor:
Leiya (
Online) - Publicado: 11 de octubre de 2026 a las 12:26
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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