Al compás de una milonga
Así, al compás de una milonga,
te llevaste mi corazón.
Tus tacones, marcando el suelo de madera,
me hacían saber que cada uno de tus pasos
era suficiente para encantarme.
Caí en tus encantos
como caen las hojas cuando llega el otoño,
sin saber cuándo empezó la caída,
ni querer detenerla.
La primera vez que hablamos
no sabía que, sin darme cuenta,
ibas a volverte tan importante para mí.
Hiciste que empezara a esperar
los martes y jueves con unas ganas aterradoras,
a guardar cada gesto,
cada roce de manos,
cada abrazo,
como si fueran pequeños tesoros
que quisiera volver a vivir.
Si supieras cómo me explotan las galaxias
cada vez que hablamos,
quizás entenderías
todo lo que me pasa cuando estás cerca.
Cuando nos vimos por segunda vez
y me llamaste “chica tiburón”,
me quedé pensando
en lo linda que era tu voz al hablar,
y en cómo una palabra tan pequeña
podía quedarse dando vueltas en mi cabeza.
¿Y quién dice que en Buenos Aires
no se encuentra el amor?
No más que un iluso
que todavía no sabe
lo que puede sentirse al encontrar
a alguien que te haga mirar distinto la ciudad.
Te quiero de una manera
que todavía no sé explicar.
Y quizás no necesito hacerlo todavía.
Por ahora,
lo que más quiero
es seguir cerca tuyo,
seguir conociéndote,
seguir encontrando momentos
que hagan que los martes y jueves
sean un poquito más especiales.
Y si el destino nos tira los dados
y decide que nuestros caminos
no están hechos para quedarse juntos,
por lo menos dejame guardar
el calor de tus abrazos,
el sonido de tu voz,
y esta pequeña parte de mi corazón
que, al compás de una milonga,
aprendió a latir por vos.
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Autor:
M.Cappello (
Online) - Publicado: 9 de octubre de 2026 a las 19:35
- Categoría: Sin clasificar
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