Ahí estaban caminando sobre ese alfombrado crujiente Antonia y Eduardo, iban tomados de la mano, se sentaron en uno de los bancos del parque. Se los veía tranquilos, como si el mundo entero hubiera decidido regalarles una pausa. Era otoño, las hojas caían lentamente cubriendo el sendero con una suave manta de variados colores amarillo, dorado, naranja y rojo intenso.
Antonia se sentó primero y acomodó su abrigo. Eduardo se quedó de pie un instante, observándola con una sonrisa tímida antes de sentarse a su lado. El banco era viejo y estaba húmedo, ninguno de los dos pareció notarlo. Habían caminado mucho y no necesitaban decirse demasiado. A veces, el silencio entre ellos era una forma de conversación.
—Mira —susurró Antonia, señalando una hoja que descendía dando vueltas.
Eduardo la atrapó antes de que tocara el suelo y se la entregó.
—Para ti.
Ella la recibió con cuidado, como si fuera un tesoro. Luego apoyó la cabeza sobre el hombro de su esposo y entrelazó sus dedos con los de él.
Una brisa fría pasó entre los árboles. Eduardo le acomodó la bufanda.
__Ella sonrió. Recordó todas las veces que él la había abrigado sin decir nada.
__....Y por eso sonrió. -
Marta
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Autor:
marta CARMEEN (
Online) - Publicado: 9 de octubre de 2026 a las 13:58
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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