Se suponía un juego
de regla sencilla:
no cruzar el límite,
difícil cuando brilla.
Se arriesgaba el pulso,
no el corazón.
Hasta que me miró.
Ella no pertenecía aquí,
portaba el cielo en sus ojos.
Mi cielo,
sus ojos.
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Autor:
Pato_EHD (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 9 de octubre de 2026 a las 13:50
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1
- Usuarios favoritos de este poema: Pulso Anónimo

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