Rima de un corazón enamorado
A mi eterna enamorada, que sin saberlo, habita en cada uno de mis pensamientos.
Amor mío: te amo con toda mi alma, con la fe de quien ha encontrado su cielo en la profundidad de unos ojos, y con la devoción de quien descubre que existe un nombre capaz de estremecerle el alma mucho antes de pronunciarlo con los labios.
Te amo con una ternura que me asombra, con una pasión que no conoce sosiego, con este corazón que, desde que te conoce, parece haber olvidado el camino de regreso a aquella soledad en la que vivía antes de ti.
Porque llegaste, amor mío, y algo en mí cambió para siempre.
Desde entonces, mis pensamientos tienen tu nombre, mis suspiros guardan tu recuerdo y mis noches, aun cuando el silencio las envuelve, parecen esperar la llegada de tus palabras como el desierto aguarda la primera lluvia.
Tienes mi mente ocupada, mi corazón cautivo y mi alma enamorada de ti.
Cuando enciendo mi computadora y tu imagen aparece ante mis ojos, el mundo, con sus prisas y sus ruidos, se desvanece lentamente a mi alrededor.
Entonces te contemplo.
Me detengo en la dulzura de tu sonrisa, en ese misterio que se esconde en tu mirada, en la gracia de tus facciones, en la belleza que la naturaleza parece haber depositado en tu rostro como quien deja una flor sobre un altar.
Y me pregunto, en el secreto de mi silencio, ¿cómo puede una mujer, estando tan lejos, sentirse tan cerca del corazón?
¿Cómo puede una fotografía despertar tantos anhelos, encender tantas emociones y hacer que un hombre enamorado olvide por un instante el mundo entero?
¡Ah, si supieras cuántas veces he deseado atravesar la distancia que separa mis manos de tu rostro, para acariciarte con la ternura con que te acarician mis pensamientos!
Si supieras cuántas veces he querido abandonar mis sueños para encontrarte despierta frente a mí, mirarte sin prisas, estrecharte entre mis brazos y decirte, sin necesidad de palabras, todo aquello que mi alma siente por ti.
Porque tu belleza me cautiva, pero es tu existencia la que me enamora; tu cuerpo despierta mis deseos, pero es tu esencia la que mi alma añora.
Y así, entre la admiración y el anhelo, entre el deseo y la ternura, voy descubriendo que amarte es una de las formas más hermosas que ha encontrado mi corazón para sentirse vivo.
También te amo cuando te leo.
Hay algo misterioso en tus palabras, algo que no consigo explicar, como si cada mensaje tuyo fuese una pequeña ventana abierta hacia los jardines secretos de tu alma.
Cuando te leo, siento que te descubro; cuando me escribes, siento que te acercas; y cuando una frase tuya me hace sonreír, es como si tus manos, invisibles y dulces, acariciaran mi corazón desde la distancia.
Quisiera conocer cada rincón de tu pensamiento, cada ilusión que guardas en silencio, cada temor que alguna vez te hizo llorar, cada sueño que todavía espera realizarse y cada esperanza que tu corazón no se atreve a confesar.
No quiero conocer únicamente tus sonrisas; quiero comprender también tus tristezas.
No quiero escuchar solamente tus palabras dulces; quiero aprender a entender tus silencios.
Porque amar, mi vida, no es contemplar únicamente la luz de una estrella, sino comprender que incluso las estrellas tienen noches en las que parecen palidecer.
Y yo quisiera ser para ti ese corazón que no huye cuando llega la tormenta, esa mano que sabe sostener sin aprisionar, esa voz que te devuelve la calma cuando el mundo parece demasiado grande y la tristeza demasiado difícil de soportar.
Quisiera que encontraras en mí un amor sincero, libre de fingimientos, un refugio donde pudieras ser tú misma, sin temor a tus imperfecciones, sin necesidad de ocultar tus sentimientos.
Porque no me enamoré de una mujer perfecta; me enamoré de ti, de la mujer real que eres, con tus luces y tus sombras, con tus días de alegría y tus noches de incertidumbre.
Y hasta cuando te enojas, hay algo en mí que comprende que el amor no siempre tiene la voz de una caricia.
No voy a decirte que me alegra tu tristeza, ni que disfruto cuando algo te hace enfadar; me duele saber que algo te inquieta, porque quisiera verte siempre sonreír.
Pero cuando nuestras palabras tropiezan, cuando nuestras opiniones no encuentran el mismo camino, comprendo que no somos una ilusión dibujada por la imaginación de dos enamorados.
Somos seres humanos, con sentimientos que a veces se confunden, con palabras que no siempre expresan lo que sentimos y con corazones que todavía están aprendiendo a comprenderse sin herirse.
Y acaso allí reside la belleza de un amor que aspira a ser verdadero: no en vivir eternamente entre rosas, sino en aprender a cuidar las flores cuando el viento amenaza con derribarlas.
No quiero una historia de fantasía en la que jamás exista una lágrima; quiero una historia verdadera, en la que las lágrimas encuentren consuelo y las diferencias no destruyan el cariño.
Quiero que, aun cuando no pensemos igual, podamos escucharnos con respeto; que, aun cuando nos invada el orgullo, recordemos el valor de pedir perdón; que nunca confundamos el amor con la posesión, ni la sinceridad con el derecho a herir.
Porque si he de amarte, quiero hacerlo con el alma despierta, con el corazón dispuesto a comprenderte y con la humildad de quien sabe que amar también significa aprender.
Y si alguna vez mis palabras te entristecen, permíteme reconocer mi error; si alguna vez la distancia nos vuelve silenciosos, permítenos recuperar la voz; porque más hermoso que tener siempre la razón es conservar aquello que da sentido a nuestros sentimientos.
¡Qué extraño es el amor, amada mía!
Antes de conocerte, ignoraba que un rostro pudiera convertirse en pensamiento, que una sonrisa pudiera acompañar tantas horas y que unas cuantas palabras escritas pudieran estremecer tan profundamente el corazón.
Ahora comprendo por qué los poetas escriben durante la noche, por qué los enamorados suspiran ante la luna y por qué existen sentimientos que ninguna explicación consigue contener.
Es que hay amores que no caben en una frase, ni se dejan encerrar en una promesa; amores que crecen en el silencio, que florecen en la ausencia y que encuentran en la poesía una manera de decir lo indecible.
Tú eres, para mí, uno de esos misterios.
No sé si alguna vez alcanzaré a explicarte todo lo que despiertas dentro de mí; quizá necesitaría la eternidad para escribir cuanto siento por ti.
Y aun así, al terminar el último verso, descubriría que todavía me falta decirte algo, que aún queda un suspiro sin escribir, una caricia sin entregar, un beso aguardando tus labios y un corazón que no ha terminado de confesarte cuánto necesita tu presencia.
Porque te amo más allá de las palabras, más allá de las imágenes que contemplo, más allá de las horas que paso pensando en ti.
Te amo en esa región misteriosa del alma donde los sentimientos nacen sin pedir permiso y donde el recuerdo de una persona puede convertirse en la más dulce compañía.
Y si mañana me preguntaras qué eres tú en mi vida, no buscaría una respuesta en los libros, ni en los versos de los poetas, ni en las promesas que pronuncian los enamorados.
Simplemente pondría mi mano sobre el pecho y dejaría que mi corazón respondiera por mí.
Él te diría que eres la mujer que ocupa mis pensamientos cuando despierto, la que acompaña mis horas de silencio, la que aparece en mis sueños cuando la noche cierra mis párpados y el mundo deja de reclamar mi atención.
Te diría que tu sonrisa tiene un lugar en mi memoria que ninguna otra sonrisa ha conseguido ocupar; que tus palabras permanecen conmigo mucho después de haber terminado de leerlas; que tu recuerdo sabe encontrarme incluso en los momentos en que intento distraerme.
Y acaso te confesaría, con una ternura infinita, que no necesito tenerte siempre frente a mis ojos para sentir que formas parte de mi vida, porque hay presencias que se sienten con el alma y amores que permanecen incluso cuando los cuerpos están separados.
Tienes mi mente ocupada, pero no quisiera que fueras solamente un pensamiento; quisiera que el destino nos concediera la dicha de convertir nuestros sueños en momentos verdaderos.
Quisiera contemplar tu sonrisa sin una pantalla de por medio, escuchar tu voz sin depender de un mensaje, tomar tus manos entre las mías y descubrir que la felicidad, algunas veces, no necesita grandes acontecimientos: le basta con dos personas que se miran y comprenden que desean estar allí.
Quisiera caminar contigo, compartir las pequeñas cosas de cada día, reír contigo por cualquier tontería y encontrar en tu abrazo la paz que tantas veces imagino.
No te prometo un cielo sin nubes, ni un camino donde jamás exista el dolor; te ofrezco la sinceridad de mis sentimientos y el deseo de construir, si ambos lo queremos, una historia sostenida por el respeto, la confianza, la ternura y el amor.
Y si la vida nos permite escribirla, quisiera que cada página llevara nuestra huella, que los años no borraran la dulzura con la que hoy pronuncio tu nombre y que, al volver la mirada hacia el pasado, pudiéramos sonreír por todo lo que aprendimos y por todo lo que juntos llegamos a cuidar.
Amor mío, mi eterna enamorada:
Te amo con todita mi alma, con la inocencia de quien vuelve a creer, con la pasión de quien ha descubierto un universo en la mirada de una mujer.
No sé si existe en este mundo otra manera de amar más profunda que la mía; no pretendo medir mi amor con el de nadie, ni necesito demostrar que el mío es superior.
Solo sé que lo que siento por ti es verdadero para mi corazón, que no se trata de una emoción pasajera, ni de un sueño que se desvanece al despertar.
Y si algún día las palabras me faltaran, si la voz se me quebrara al hablar, si los versos dejaran de servirme para expresar cuanto te quiero, aún me quedaría este corazón enamorado para seguir pronunciando tu nombre en silencio.
Porque hay una verdad que vive en mí, una certeza que no necesita adornos, una confesión que nace de lo más profundo y que hoy quiero dejar escrita para ti: Te amo.
Te amo cuando contemplo tus fotografías, cuando leo tus mensajes, cuando tu sonrisa ilumina mis pensamientos y cuando nuestras diferencias me recuerdan que detrás de este amor existen dos almas humanas que merecen escucharse y comprenderse.
Te amo en mis horas tranquilas, en mis anhelos más secretos, en la dulzura de mis sueños y en la esperanza de abrazarte algún día.
Y si me preguntaran qué has hecho conmigo, respondería que, sin proponértelo, has convertido mis pensamientos en poesía, mis silencios en suspiros y mis noches en páginas donde tu nombre aparece una y otra vez.
Porque tienes mi mente ocupada, mis versos llenos de ti y mi corazón aprendiendo, cada día, una nueva manera de amarte.
Y si tuviera que comenzar de nuevo, si el tiempo me devolviera al instante en que todavía no sabía de tu existencia, volvería a recorrer el camino que me condujo hasta tu nombre, con la esperanza de encontrarte otra vez.
No porque sepa qué nos depara el destino, sino porque conocerte ha despertado en mí un sentimiento que merece ser vivido con honestidad, ternura y valentía.
Y mientras la vida me permita escribir, mientras haya una noche y una estrella, mientras mi corazón conserve un latido y mi alma encuentre palabras para sentir, habrá un rincón de mis versos donde siempre vivirás tú.
Tú, que tienes mi mente ocupada.
Tú, que inspiras mi poesía.
Tú, que has convertido tu recuerdo en una de mis más dulces compañías.
Y tú, mi eterna enamorada, a quien hoy, sin más riqueza que mis sentimientos ni más ofrenda que estas palabras, vuelvo a decirle con el alma desnuda: te amo con todita mi alma, te amo con todo lo que soy, y de todas las palabras que existen en el mundo, hay una que mi corazón siempre encontrará la manera de pronunciar: TU NOMBRE.
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Autor:
RONALD TADEO RAMIREZ ELIZALDE (SeudΓ³nimo) (
Offline) - Publicado: 9 de octubre de 2026 a las 04:36
- CategorΓa: Amor
- Lecturas: 1

Offline)
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