He de errar si reconociera la plenitud
de mis facultades;
carecí de certeza,
o quizá fue la ambigüedad
la que me privó de ella.
Pero diría que, por la forma en que te indagaba entre ojeadas,
por la manera en que suspiraba ante tus vestigios,
entre el ritmo vertiginoso de mis palpitaciones
y aquellas arritmias que no supe nombrar,
me resultaba inherente verte
y no poder sostenerte.
Inexorable, llegó la hora del crimen,
cuando la Providencia pasó frente a mí,
como Febo en su poniente,
dejándome apenas
la sombra de lo que había iluminado.
Y yo, mezquino entre la estirpe de los hombres,
condenado a contemplar
lo que nunca supe conservar.
He ahí, a lo lejos, a ese hombre
que, entre añoranzas vivaces,
se embelesaba con tú porvenir.
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Autor:
Joel Nava (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 7 de octubre de 2026 a las 10:16
- Categoría: Amor
- Lecturas: 1

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