El Hombre De Las Tres Copas

LA MECHE Y WCELOGAN đź”›



EL HOMBRE DE LAS TRES COPAS

 

 

 

Yo soy un tipo reservado, de esos que no cuentan ni cuánto deben, puedo morirme con un secreto y llevarlo conmigo hasta el mismísimo infierno.

 

Pero cuando el whisky se me sube me convierto en una puta agencia de prensa: cuento quién engañó a quién, quién debe plata, quién se acuesta con quién y hasta quién tiene cara de pendejo.

 

Con una copa soy discreto, con dos, bastante cordial; con tres me creo periodista, con cuatro me creo fiscal.

 

Y con cinco... con cinco ya no hay Dios que me calle: le cuento mi vida a cualquiera, aunque no sepa ni cómo se llama.

 

Yo no sé cerrar la boca cuando el alcohol me la abre; digo verdades que no debo, mentiras que nadie sabe y secretos que me confiaron para que los enterrara con llave.

 

Pero yo soy un caballero... ¡cuando estoy sobrio, carajo! Porque después de cuatro copas me convierto en mi propio enemigo y además le doy las armas al contrario.

 

Esa noche hablé de mi suegra, de mi cuñado y del vecino, de una noche que no recuerdo y de un polvo que nadie me había pedido.

 

Le conté a mi mujer algo que jamás debí contarle: que aquella vieja amiga no era tan amiga como parecía.

 

Ella se quedó mirándome con esa calma que da miedo.

 

Y yo, que nunca aprendí cuándo demonios callarme, todavía tuve los huevos de preguntarle:

 

—¿Qué pasa, mi amor?

 

El golpe llegó primero.

 

La respuesta vino después.

 

Y fue bastante clara.

 

Al otro día desperté con un ojo como tomate, la lengua seca, la cabeza hecha mierda y una nota sobre la mesa:

 

“Cuando se te pase la resaca, búscate otra casa.”

 

Yo quise llamarla, pero el teléfono estaba bloqueado.

 

Quise llamar a mi amigo, pero tampoco contestaba.

 

Quise llamar a mi madre...

 

y ahí descubrí que también le había contado lo que no debía.

 

La resaca fue la cereza, la puta cereza del pastel: me dolía hasta el apellido y no sabía ni por qué.

 

Entonces escuché un audio que yo mismo había mandado a las tres:

 

“Amor, tranquila, que yo te lo cuento todo porque entre nosotros no existen secretos.”

 

Qué hijo de puta.

 

Tenía razón.

 

Ahora no tengo secretos, ni mujer, ni amigos...

 

pero tengo una resaca que me acompaña fielmente desde aquella noche.

 

Y cuando alguien me pregunta:

 

—¿Tú por qué no bebes?

 

Yo respondo:

 

—Porque sobrio soy un hombre reservado...

 

y borracho soy un cabrón con micrófono.

  • Autor: Wii (SeudĂłnimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 7 de octubre de 2026 a las 00:06
  • CategorĂ­a: Humor
  • Lecturas: 3


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