He dejado que la voz del descanso me lleve por caminos viejos de mi ciudad conocida. Ellos me regalan multitud de imágenes mientras medito en este viaje por sus entrañas. El verde tras las rejas dibuja de vida el paseo oscuro, solitario y sin palabras. Sube la calle antigua por la que transitan los versos de los poetas perdidos: asesinados y tristes, silenciados por siempre, suicidas y héroes. A lo lejos, el río: turbio y retirado, espera por la mirada vacía de alguien a quien nadie espera, ni nadie extraña: solo el río suena llamando a su cuerpo hacia el horizonte de agua y de cielo. En los cordones, la cuadrilla de sábado se va oscureciendo por el trabajo pesado y la crudeza del frío. Frío de la ciudad, lluvia de las esquinas, nieve sobre los sueños y viento entre las mejillas. Venerable invierno, aguardamos pacientemente que tu pálido sol de mañana se anuncie sobre los hombros.
Aquí, en mi cuerpo que aún reluce los vestigios del abandono, universos imaginarios (plenos de gracia y bordados de llanto) me sacan un suspiro profundo como los silencios de madrugada. En las arterias pobladas como enredaderas, verdes y luminosas de rocío nocturno, se desparrama la purísima imagen de los sueños que fecundan entre los albores. La sangre, perfumada y radiante por el amor que la sostiene, se diluye quietamente entre los márgenes del lucero.
Un día de sol pleno nacerá una sonrisa entre mis ojos, y sobre mis manos un corazón dormirá su alma tranquila... ¡ah, la dicha de los deseos! Las flores cantarán mis alegrías al cielo durante la brisa del verano. El brillo de las estrellas (suave corona de luz) caerá en mis sienes como adorno para las memorias. Hasta entonces, esperemos escuchando el coro de los vientos acariciando nuestra ternura expuesta, y caminando rutas olvidadas que nuestra esperanza mantiene vivas.
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Autor:
Alan (
Online) - Publicado: 6 de octubre de 2026 a las 22:11
- Comentario del autor sobre el poema: Poema N°56. En prosa.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 2

Online)
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