El asfalto escupe fantasmas de yeso cansado,
fachadas con párpados caídos que se tocan las sienes,
grietas donde el pasado guardaba sus mejores galas.
Cae un lamento denso, un alud de recuerdos desgajados
que no sirve de pretexto ni frena el impulso,
en esa estrecha avenida de fachadas
ajadas de ilustres lastres.
¡Allí despierta Harima!
Diecinueve primaveras de alambre y pólvora,
niña, mujer y volcán,
vestida con la blancura herida de su camisa
y el algodón húmedo de sus vaqueros *relaxed-fit*,
que se adhieren a su talle esbelto como una segunda piel de furia,
como un mapa de nervios dibujado por la tormenta.
Cuatro sombras sin miedo intersectan el espejo del agua,
tres mujeres y un hombre,
cuatro engranajes de un motor de carne que se niega a la extinción.
No es solo danza, es un enjambre de relámpagos urbanos,
un ritmo suicida que desafía la gravedad de la miseria,
“World of Dance” en equipo, latiendo en el barro,
un abanico de articulaciones rotas que reinventan el aire.
Esta tripulación no es un azar, es una patria de sudor,
una familia erigida en la trinchera del conflicto,
donde el entorno es una fauce de cemento que intenta tragar la infancia.
Ellos no piden permiso,
transmutan la rabia en geometría,
el desprecio en un latigazo de libertad surrealista.
Bailan para exigir su contorno en la niebla,
para arrebatarle el respeto a las esquinas hostiles.
Son la certeza que sangra en el pavimento,
existimos, pisamos fuerte,
y no tenemos ninguna intención de parar.
-El nombre de Harima, aquí, significa “tiempo despejado “-
-
Autor:
Leoness (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 6 de octubre de 2026 a las 05:57
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 1

Online)
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