Mi Culpa

Tomás Jácome

He cometido un error
de esos que no se borran,
de esos que uno recuerda
cuando la noche se queda en silencio
y ya no hay nadie a quien pedirle perdón.

Fallé.

Y lo peor
es que no rompí un corazón cualquiera;
rompí el corazón de alguien
que alguna vez fue mi hogar.

Mi amiga del alma.
La persona que me quiso
cuando quizá ni yo sabía quererme.
La que estuvo ahí,
la que confió,
la que me entregó partes de sí
que nunca debí tocar para después destruirlas.

Y la rompí.

No sé por qué lo hice.
Ojalá pudiera decir que tuve un motivo,
que estaba perdido,
que no sabía lo que hacía,
que había algo que me obligó.

Pero no.

Fui yo.

Mis manos,
mis decisiones,
mis errores.

Yo fui quien convirtió
un lugar seguro
en una herida.

Y ahora cargo con la imagen
de alguien que ya no sonríe igual por mi culpa.
Con el recuerdo de sus ojos
y la certeza de que alguna vez
me miraron con cariño
antes de que yo les enseñara a mirarme con dolor.

Qué miserable se siente saber
que alguien que no merecía sufrir
sufrió por ti.

Tal vez deba estar solo.

Tal vez esta sea mi condena:
aprender a vivir con el vacío
que yo mismo fabriqué.

Porque hay errores
que no se arreglan con un “perdón”,
ni con lágrimas,
ni con promesas de cambiar.

Hay personas que puedes perder
una sola vez,
y aunque regresen a tu vida,
nunca vuelven a hacerlo
con el mismo corazón.

Ojalá encuentre a alguien.

A alguien que la mire
como yo debí mirarla.
Que cuide su corazón
como yo no supe hacerlo.
Que la valore
en cada pequeño detalle
que yo aprendí a valorar
cuando ya era demasiado tarde.

Ojalá alguien le devuelva
la paz que yo le quité.

Y ojalá algún día
pueda escuchar su nombre
sin sentir que algo dentro de mí
se rompe nuevamente.

Porque yo no perdí solamente
a una persona que amaba.

Perdí a mi amiga,
a mi refugio,
a alguien que confió en mí.

Y lo más doloroso de todo
es saber que no fue el destino,
ni la distancia,
ni el tiempo.

Fui yo.

Yo fui la herida
en la historia de alguien
que nunca mereció sangrar.

Y si alguna vez me preguntan
qué fue lo que salió mal,
no voy a culpar a nadie.

Diré la verdad:

fue mi culpa

Y quizá ese sea el castigo más cruel:

seguir viviendo
sabiendo que tuve entre mis manos
a alguien que me quiso de verdad…

y no supe cuidarla.

  • Autor: Tomás Jácome (Online Online)
  • Publicado: 5 de octubre de 2026 a las 19:11
  • Categoría: Amor
  • Lecturas: 1


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