Me clavaste la mirada
al marcharte sin hablar,
y aprendí que congelar
es la forma de la nada.
Tu sombra quedó ahogada
en la cuenca del tazón,
y en esta fría estación,
con la casa en decadencia,
me alimento de tu ausencia
como un perro sin razón.
Un violín que ya no suena
llora polvo en el rincón,
mientras este corazón
se desangra por la pena.
Era la dicha una pena
disfrazada de calor;
hoy me abraza este dolor,
este hueso desgajado,
y el recuerdo congelado
de la que fue nuestra flor.
Tus fotos en el corredor
son fantasmas de papel,
que huelen aún a la piel
donde apagaba mi ardor.
Caí cautivo de amor
en tu promesa dormida;
tengo la puerta encendida
por si decides volver,
pero el tiempo es un taller
que solo fabrica herida.
El silencio se hace denso,
cae la noche como sal
sobre el lecho funeral
donde mi llanto hago intenso.
Este dolor en que pienso
me consume el pensamiento;
ya no me queda el aliento,
ni el consuelo de la fe,
solo esta estrofa que fue
mi último testamento.
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Autor:
Loiiz. (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 5 de octubre de 2026 a las 17:43
- Categoría: Amor
- Lecturas: 1

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