Todo lo que siento es como un río después de la tormenta: abre camino y su cauce es ruidoso. Siento en exceso; amo al mundo, todo lo que mis ojos van descubriendo, cada significado, cada pétalo, cada hoja. Me sumerjo en el éxtasis infinito de una sensibilidad hacia lo eterno. Cuando hablo de lo eterno, me refiero a esas pequeñas cosas que aparecen brillando con más luz incluso que la estrella más grande del universo. Yo sé que cada cosa tiene su sentido; el universo no es más que una arteria y somos observadores de lo inmenso, caminantes por este mundo que rota de forma perfecta sobre su órbita. Un mundo donde la oruga no pretende la conquista del bosque, ni el león se proclama un dictador. La vida va orquestándose de forma simple y sencilla: nacemos y nos mudamos, las ideas cambian al mundo, el tiempo sigue su marcha. No estaremos aquí para siempre, no somos dueños de nada; todo es prestado: la palabra, el amor, los sueños, incluso este traje que nos dota de identidad. Nos iremos solo con los recuerdos. En esta vastedad de espacio, ser feliz y ser humano debería ser la ley sobre la que se rija la vida.
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Autor:
Mil vaggio (
Online) - Publicado: 4 de octubre de 2026 a las 22:49
- Categoría: Sin clasificar
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