El Silencio

Midnightfrases

Antes de ella

yo quería el silencio.

 

Lo buscaba en las mañanas,

en una habitación todavía oscura,

en el café enfriándose sobre la mesa,

en las calles antes de que despertaran.

 

El silencio nunca me dio miedo.

 

Era mi manera de estar conmigo,

de escuchar mis pensamientos

sin tener que explicárselos a nadie.

 

Entonces llegó ella.

 

Y el silencio cambió de idioma.

 

Dejó de ser descanso

y empezó a parecerse a una amenaza.

 

Porque cuando ella se fue

el mundo se quedó lleno de silencio

y, por primera vez,

no pude soportarlo.

 

Había demasiado espacio

entre una respiración y la siguiente.

 

Demasiadas noches

sin una voz al otro lado.

 

Demasiadas cosas que quería decir

y ningún lugar donde ponerlas.

 

Odié el silencio.

 

Lo llené como pude.

 

Con música,

con mensajes,

con cigarrillos consumiéndose hasta el filtro,

con ciudades,

con gente,

con cualquier ruido

que pudiera convencerme

de que no estaba solo.

 

Y entonces apareció otro silencio.

 

Uno distinto.

 

El de una habitación de hospital.

 

El de una pantalla encendida

dibujando líneas sobre un monitor.

 

El de una sala de espera

donde nadie quiere hablar demasiado.

 

El de una palabra que pesa

antes incluso de ser pronunciada.

 

Cáncer.

 

Una palabra pequeña

para todo el ruido que puede dejar dentro de uno.

 

Hubo días en que el cuerpo

parecía hablar en un idioma

que yo no entendía.

 

Días de preguntas

que nadie podía contestar del todo.

 

Días en los que aprendí

que también existe el silencio

de esperar resultados,

de esperar noticias,

de esperar que alguien abra una puerta

y diga que todo está bien.

 

Y quizás por eso

durante mucho tiempo

necesité ruido.

 

Porque había demasiadas cosas

que podían desaparecer.

 

Ella.

 

La salud.

 

El futuro.

 

La versión de mí

que todavía creía

que la vida podía planearse.

 

Todo parecía frágil.

 

Y yo intentaba aferrarme

a cualquier sonido

que me demostrara

que seguía aquí.

 

Hasta que un día

dejé de correr.

 

No pasó nada extraordinario.

 

No hubo una última conversación,

ni una señal,

ni una puerta que se abriera.

 

Simplemente me cansé

de hacer ruido para no sentir.

 

Y entonces

volvió el silencio.

 

Al principio lo miré con desconfianza.

 

Como quien vuelve a una casa

después de un incendio

y no sabe qué parte sigue siendo suya.

 

Me senté dentro de él.

 

Respiré.

 

Y descubrí algo extraño:

 

el silencio no había cambiado.

 

Yo sí.

 

Ya no estaba esperando una voz.

 

Ya no estaba contando los minutos

entre una palabra y otra.

 

Ya no necesitaba que alguien regresara

para sentir que yo también podía volver.

 

Y por primera vez

en mucho tiempo

el silencio no me habló de ella.

 

Tampoco de hospitales.

 

Tampoco de resultados.

 

Tampoco de todo aquello

que alguna vez tuve miedo de perder.

 

Me habló de mí.

 

De las cosas que todavía quiero.

 

De las ciudades que todavía no conozco.

 

De las personas que todavía puedo amar.

 

De las mañanas que todavía existen.

 

De la vida que siguió ocurriendo

mientras yo estaba ocupado

intentando sobrevivir a todo lo que dolía.

 

Ahora vuelvo a quererlo.

 

El silencio de una mañana cualquiera.

 

El silencio después de una risa.

 

El silencio de caminar solo

sin sentirme abandonado.

 

El silencio que queda

cuando ya no tienes nada que demostrar

ni nada que pedir.

 

Qué extraño.

 

Antes de ella

el silencio era libertad.

 

Después de ella

fue dolor.

 

Después del cáncer

fue miedo.

 

Y ahora,

después de todo,

vuelve a ser casa.

 

No porque haya dejado de extrañar.

 

No porque haya olvidado

lo que dolió.

 

Sino porque finalmente entendí

que sobrevivir también puede significar

aprender a estar en paz

con todo lo que no pudimos controlar.

 

Que extrañar a alguien

no significa necesitarla.

 

Que haber tenido miedo a morir

no significa tener que vivir asustado.

 

Y que algunas ausencias

no vienen a vaciarnos.

 

Vienen a devolvernos

el espacio necesario

para volver a escucharnos.

 

Por eso hoy,

cuando todo se queda quieto,

no busco una voz.

 

No huyo.

 

No lleno el espacio.

 

Me quedo.

 

Y en ese silencio

que alguna vez amé,

que alguna vez odié,

que alguna vez me asustó,

 

vuelvo a escuchar

algo que creí perdido:

 

a mí.

  • Autor: Mr. W (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 3 de octubre de 2026 a las 16:03
  • Categoría: Amor
  • Lecturas: 3
  • Usuarios favoritos de este poema: El desalmado


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