Su bronca sabía a desecho,
a licor de cuentas pasadas.
Vestía almanaques raídos
y ataba su terquedad
con tres nudos.
Su mundo,
un farol de hojalata
y una vela
luchando por respirar.
La pared era su sombra.
Masticaba la rabia
hasta partirse los dientes,
no parecía importarle:
era su única comida.
Caminaba en círculos estrechos
hasta tocar el límite
con los nudillos.
Y bebía imposiciones
hasta embriagarse de lo que haría.
Nunca se persignaba,
llevaba consigo
cuatro clavos y un madero.
Era una mueca gastada
que, de a ratos, sonreía.
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Autor:
Espantapájaros (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 3 de octubre de 2026 a las 09:16
- Comentario del autor sobre el poema: Un retrato áspero de la obstinación y la bronca, donde la cruz no es símbolo religioso sino carga personal: un personaje que mastica rabia, camina en círculos y sonríe con ironía en medio de su condena.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 41
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, JordiCris ✍️, alicia perez hernandez, **~EMYZAG~**, LuJITar, El desalmado, Mauro Enrique Lopez Z., Nelly Cevallos - Liora
- En colecciones: Existenciales.

Offline)
Comentarios1
Quién más quien menos en algún momento cargamos cruces y andamos dando círculos hasta ser capaces de romperlo.
Un abrazo 🤗
Así es: cada cual carga su madero, y los círculos se repiten hasta que la herida se abre en salida. Gracias por tu lectura. Un abrazo.
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