Yo la vi una tarde,
y en sus ojos creyó encontrar la eternidad.
Un par de luceros lo encadenaron,
y sin darse cuenta, ya estaba perdido.
El primer beso fue sentencia:
dulce al principio,
pero envenenado en lo profundo.
Se volvió esclavo de sus labios,
adicto a la ilusión de un cuerpo
que parecía entregarse con amor,
pero que en realidad
le ofrecía hiel disfrazada de miel.
Yo, ingenuo, la nombró milagro,
presumió al mundo que lo amaba,
se aferró a cada palabra suya
como si fueran verdades sagradas.
Pero esas palabras eran mentira,
cada gesto era engaño,
cada abrazo, un puñal escondido.
Él creyó que un ángel había caído del cielo,
pero solo era un disfraz perfecto,
una máscara del diablo,
pintada con la belleza de una mujer.
Y así quedó yo
con el alma hecha cenizas,
con el corazón sangrando,
descubriendo que no hay dolor más cruel
que amar con pureza
a quien
Solo vino a destruirlo.
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Autor:
Luis de leon (
Offline) - Publicado: 3 de octubre de 2026 a las 02:14
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Offline)
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