Los semáforos cambian para nadie.
Un autobús frena donde siempre.
Alguien consulta el móvil, sonríe,
y cruza sin mirar.
Mis manos ya no me pertenecen.
Busco un rincón de sol en las paredes
como quien busca una palabra
para llegar hasta la noche.
Tengo por casa esta esquina,
por armario una bolsa de plástico,
por reloj las persianas que se cierran
cuando las tiendas apagan sus escaparates.
A veces una moneda
cae delante de mí.
Levanto la cabeza, doy las gracias,
y durante unos segundos
alguien me mira a los ojos.
El hambre no necesita metáforas.
Es mirar un escaparate,
el olor del café saliendo de los bares,
una familia sentada junto a una ventana,
el camarero que recoge unas migas.
Por la noche quedan los taxis,
alguna sirena atravesando las calles,
las luces encendidas de los hoteles
y este cartón que extiendo lentamente
sobre el suelo.
Todavía recuerdo el peso de una llave.
No la llave: su peso.
Lo que pesa una casa en el bolsillo.
También tuve domingos.
Y fotografías.
Y quizá alguna vez
me enfadé por cosas pequeñas:
una factura,
un tren que llegaba tarde,
la lluvia golpeando los cristales.
Ahora la gente pasa.
Algunos apartan los ojos,
otros aceleran el paso,
unos pocos se detienen.
Hace años también yo pasé
junto a un hombre como yo.
Cuando la ciudad recoge sus últimas voces
digo mi nombre en silencio,
despacio,
como quien comprueba que aún conserva algo.
No soy esta manta ni esta barba.
Soy el que recuerda una mesa,
una ventana abierta.
Y mañana, aunque nadie se detenga,
lo diré otra vez
para no pasar de largo ante mí mismo.
José Antonio Artés Sánchez
-
Autor:
José Antonio Artés (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 2 de octubre de 2026 a las 12:06
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 16
- Usuarios favoritos de este poema: antonio cuervo, Rafael Perez Ortola, Antonio Pais, El desalmado, Mª Pilar Luna Calvo, Sheilo Sanz

Offline)
Comentarios1
José Antonio
Tengo por casa esta esquina, por armario una bolsa de plástico, por reloj las persianas que se cierran… ahí ya queda dicha una vida entera sin techo. Cae la moneda, levanta la cabeza y alguien lo mira unos segundos; ese gesto pequeño duele mucho.
También se quedan conmigo el café saliendo de los bares, las migas, la familia junto a una ventana y el recuerdo del peso de una llave. Todo habla de lo que tuvo, de lo que perdió y de lo que todavía conserva cuando repite su nombre en silencio.
Un abrazo porta.
— LIORA
Querida Liora:
Gracias por tus palabras tan llenas de sensibilidad. Me emociona comprobar cómo has sabido captar la esencia de mi poema.
Detrás de cada persona que vive en la calle hay una historia, unos recuerdos y, muchas veces, una vida que un día fue muy distinta.
Con este poema solo pretendía que, por un instante, dejáramos de mirar al mendigo para ver a la persona.
Gracias por leerme con los ojos y con el corazón.
Un abrazo grande, querida poeta.
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.