Muchas veces desearíamos
tener el poder de manejar los hilos del tiempo,
tirar de ellos cuando la vida pesa,
aflojarlos cuando la espera desespera,
y detenerlos, aunque fuera por un instante,
cuando algo hermoso está sucediendo.
Quisiéramos saltarnos algunas situaciones,
pasar de largo por ciertos días,
cerrar los ojos
y despertar después de aquello que dolía.
No tener que esperar.
Que todo fuera inmediato:
el abrazo que necesitamos,
la respuesta que buscamos,
el regreso que esperamos,
el momento en que finalmente
todo tenga sentido.
Pero también quisiéramos lo contrario.
Detener el reloj
cuando alguien que amamos nos abraza,
hacer eternas ciertas conversaciones,
guardar para siempre una risa,
una mirada,
una tarde cualquiera
que, sin saberlo, era la última.
Hacer eternos los momentos especiales
y a las personas que los hicieron posibles.
Quisiéramos que algunas historias
no llegaran nunca a su última página.
Que existieran días que no tuvieran mañana,
porque el mañana significa despedirse.
Y entonces soñamos con alterar el tiempo:
adelantar los encuentros,
retrasar las pérdidas,
acortar las esperas,
prolongar los abrazos.
Quisiéramos incluso
que algunas situaciones nunca llegaran,
que ciertas enfermedades,
ciertos adioses,
ciertas llamadas
y ciertas palabras
jamás encontraran su momento.
Evitar las despedidas.
Como si pudiéramos esconder a quienes amamos
en algún margen del tiempo
donde los relojes no pudieran encontrarlos.
Pero el tiempo no negocia.
No entiende de súplicas,
no se detiene porque seamos felices
ni retrocede porque nos arrepintamos.
Avanza Y quizá esa sea su crueldad
y también su belleza:
que nada puede quedarse.
Por eso cada instante tiene un peso
que solo comprendemos cuando se convierte en recuerdo.
Tal vez no podamos manejar los hilos del tiempo,
pero todavía podemos decidir
qué hacemos con aquello que nos concede.
Amar mientras estamos a tiempo.
Abrazar antes de que sea tarde.
Decir lo que sentimos
antes de que el silencio
se convierta en despedida.
Porque quizá la vida no consista en vencer al tiempo,
sino en aprender a vivir con las manos abiertas,
sabiendo que todo lo que amamos
algún día tendrá que irse,
y aun así,
tener el valor
de amar como si pudiéramos
hacerlo eterno.
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Autor:
Crizs Matt (
Online) - Publicado: 2 de octubre de 2026 a las 12:00
- Categoría: Sin clasificar
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