Qué vueltas da la vida…
Ahora dices que no quieres a nadie más,
que sin mí no tienes aire ni calma.
Y me da rabia,
porque sé que mientes,
y más aún,
porque me di cuenta
de que aunque no te soñaba ni te nombraba,
nunca te olvidé.
Aunque rompiste mi corazón en cien,
te seguí amando como la primera vez.
Y no lo niego:
mi corazón te extrañó,
pero en mi mente te detesto
por hacerme perder la fe.
Tantas preguntas giran en mi cabeza…
¿Quién me asegura
que no la tuviste en tu cama,
mientras yo moría por dentro?
No respondas.
Solo escucha.
No quiero tus palabras,
porque cada una
te condena un poco más.
Dejemos esto en la nada,
o en una amistad vacía,
si eso te consuela.
Quizás el olvido
sea el único perdón que mereces.
Desde mi ventana veo la lluvia caer,
y con cada gota
regresan los recuerdos,
las risas,
los besos,
las promesas.
Pero creerte…
ya no puedo.
La confianza se hizo polvo
por un simple pasatiempo.
Y aunque te perdoné por amor,
volver a tu lado
sería traicionarme a mí misma.
No soy perfecta,
ni la más bella,
pero soy real.
Y eso vale más que cualquier mentira.
Merezco respeto,
amor,
y fidelidad —
no migajas disfrazadas de cariño.
Así que no me pidas
que te hable con amor.
No te lo ganaste.
Y no digas
que todo esto es una tontería.
Porque no lo es.
Es la voz
de quien por fin aprendió
a decir “basta”.
¿Cómo pretendes
que vuelva a ser la misma
si tú marchitaste las flores del rosal?
No guardo rencor,
solo silencio…
Y en ese silencio,
te dejo ir.
Porque quien alguna vez me hizo florecer,
también me enseñó a florecer sola.
-
Autor:
Ashfra (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 2 de octubre de 2026 a las 08:28
- Comentario del autor sobre el poema: Este poema habla de aprender a dejar ir aquello que nos lastimó y descubrir que, incluso después de marchitarnos, podemos volver a florecer. Para mí significa mucho, porque entendí que no debía dejar que la espada que atravesó mi pecho me impidiera seguir floreciendo.
- Categoría: Amor
- Lecturas: 1

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