Lo más pequeño
suele ser lo más...
Abrí el cajón a la mano,
una gaveta atascada
que llena está de recado
de escribir: plumas cortadas,
salvaderas de mis escritores
de antaño que conseguí
robarlas con la coartada
de mi inconsciencia —de
pequeño—, muchas cuartillas
de Holanda y varias falsillas—,
metí la mano a riesgo
de que algún león
imaginario me la mordiera,
cogí la primera cuartilla
que me salió al paso y escribí
una carta:
Querida Juana: Te deseo paz,
que el escenario del que te haces
rodear sea caldo de cultivo.
Tu bien, solo eso.
Un beso, tuyo.
Me quedé la eternidad
de cinco minutos mirando el blanco
de la pared a la mano, frontera,
granulada ya no de moda, suficiente,
y cuando la marea de pensamientos
dio en playa como que me desperté,
y caí en la cuenta de que la escritura
de la carta me sumió en una especie
de letargo devastador, reseteante.
Me levanté, apagué el ordenador
para ordenar la cabeza, ordené
el cuarto, abrí la ventana, me duché,
me afeité, adecenté la casa, espolvoree
toda la lejía amarilla que quedaba
en el armarito de debajo del fregadero...
y me senté a esperar.
-
Autor:
Albertín (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 2 de octubre de 2026 a las 08:17
- Comentario del autor sobre el poema: No es autobiográfico, ni otrobiográfico.
- Categoría: Cuento
- Lecturas: 1

Online)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.