El Sueño disuelto en el viento

Leoness

Bajo un cielo de cobalto que gotea sobre un lienzo,

donde las nubes son relojes derretidos en la brisa,

el Castillo de Osaka levita en un silencio inmenso,

desprendiéndose del suelo en una lenta sonrisa.

 

Los cerezos no florecen, estallan en pájaros de poesía,

llueven pétalos de cuarzo que flotan a la deriva,

mientras la primavera, en su afán de geometría,

desdibuja el horizonte y la razón esquiva.

 

Y en ese pliegue del tiempo, donde el aire es de cristal,

te encontré, Geiko, suspendida en la memoria,

tu kimono cual acuario de estrellas y coral

donde nadan los siglos de una antigua historia.

 

Tu abanico abre grietas en la luz de la mañana,

donde tu rostro es la sombra de una luna escondida,

y tus ojos, dos pozos de niebla sobre una campana,

beben los segundos de una dimensión perdida.

 

No caminamos sobre piedras, sino sobre ecos de seda,

envueltos en tormenta de pétalos de fuego líquido,

mientras el castillo, transformado en ave dorada,

nos contempla desde un cielo eternamente tibio.

 

Geiko, musa de humo y astronomía imposible,

eres el diseño de un sueño que no despierta,

donde tu voz es la gravedad que nos hace invisibles

y tu mirada, la única frontera abierta.

 

Nuestras manos se encontraron, no de piel, 

sino de escarcha, de susurros, y en ese roce, 

en ese instante, el mundo entero se volvió mudo,

pero hurgo en el alma, aquello que me hizo amar.  

 

Eres ninfa, eres el sueño hecho realidad,

la metáfora que guía a mi propia arcadia,

donde la belleza de la vida, se hace  eternidad 

en el solsticio desbordado del eco de mi memoria

  • Autor: Leoness (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 2 de octubre de 2026 a las 03:19
  • Categoría: Amor
  • Lecturas: 1


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