AUNQUE DUELA DECIR ADIÓS

Luis de leon

 

 

Tal vez me faltaron palabras,

tal vez me faltaron detalles,

tal vez tú me diste tu vida

y yo no supe cómo cuidarte.

Quizá esperabas de mis manos

un poco más de ternura,

y yo, perdido en mis errores,

no entendí que tú eras mi fortuna.

 

Hoy miro hacia atrás y comprendo

todo aquello que no vi,

las veces que buscaste mis brazos,

las veces que pediste quedarte junto a mí.

Tú no querías cosas imposibles,

ni promesas escritas en el cielo,

solo querías sentirte amada,

tener mi mano entre tus dedos.

 

Y perdóname por las veces

que hice pequeño tu corazón,

por no escuchar tus silencios,

por confundir orgullo con razón.

Perdóname por aquellas noches

en que lloraste sin decirme nada,

mientras yo seguía creyendo

que nuestra historia nunca terminaba.

 

Porque ahora que te vas,

ahora que el silencio nos separa,

entiendo cuánto valías

cuando todavía estabas en mi casa.

Ahora comprendo tus abrazos,

tus palabras y tus miradas,

esas pequeñas cosas de nosotros

que hoy se sienten como puñaladas.

 

Y qué difícil es aceptar

que amar también es dejar ir,

que a veces querer a una persona

significa aprender a verla partir.

Aunque por dentro me esté muriendo,

aunque mi corazón quiera detenerte,

voy a respetar tu camino

aunque no vuelva a tenerte.

 

No voy a pedirte que regreses,

ni voy a perseguir tus pasos,

aunque me sobren los motivos

para querer volver a tus brazos.

Porque si alguna vez te amé de verdad,

también debo aprender a comprender

que quizá lejos de mi vida

puedas encontrar lo que no supe ofrecer.

 

Y sé que voy a llorarte,

más de lo que quisiera admitir,

habrá noches en que tu recuerdo

no me dejará dormir.

Voy a buscarte en las canciones,

en las calles, en cualquier lugar,

y seguramente habrá momentos

en que te quiera volver a llamar.

 

Pero voy a quedarme callado,

aunque me queme la necesidad,

porque no quiero convertir mi tristeza

en una carga para tu felicidad.

Si tu corazón ya tomó otro rumbo,

yo tendré que aprender a aceptar

que no todas las historias de amor

terminan donde uno quiere llegar.

 

Solo quiero que algún día

puedas recordar lo que vivimos

sin quedarte solamente con mis errores,

sin olvidar todo lo que sentimos.

Porque también hubo días hermosos,

risas que jamás voy a olvidar,

besos que se quedaron en mi memoria

y abrazos que no quiero borrar.

 

Y si alguna vez te preguntas

si de verdad llegué a amarte,

la respuesta será siempre la misma:

sí, aunque no supe demostrarte.

Te amé con mis defectos,

con mis miedos y mis heridas,

con esa forma tan torpe de querer

que a veces lastima a quien más se estima.

 

Quizá tú merecías el mundo,

un amor sin miedo ni condiciones,

alguien que pudiera regalarte

un cielo lleno de ilusiones.

Y yo solamente pude darte

lo que llevaba dentro de mi pecho:

un corazón lleno de errores

que, aun así, por ti estuvo dispuesto.

 

Por eso hoy no voy a culparte,

ni voy a decir que fuiste injusta,

porque sé que también te cansaste

de esperar una respuesta.

Tú pedías amor, compañía,

un lugar seguro donde quedarte,

y yo tardé demasiado tiempo

en entender cuánto necesitabas abrazarme.

 

Así que vete tranquila,

no tengas miedo de dejarme atrás.

Yo aprenderé a vivir con tu ausencia,

aunque al principio me duela respirar.

Aprenderé a mirar nuestras fotografías

sin preguntarme dónde fallé,

y aunque algunas lágrimas caigan,

también agradeceré que te encontré.

 

Porque fuiste parte de mi vida,

y eso nadie lo podrá cambiar.

Aunque mañana seas un recuerdo,

siempre habrá algo que agradecer.

Gracias por cada momento,

por cada beso y cada abrazo,

por las veces que me elegiste

a pesar de mis fracasos.

 

Y si algún día la vida

vuelve a cruzarnos por casualidad,

ojalá pueda mirarte a los ojos

sin sentir tristeza ni ansiedad.

Ojalá pueda decirte tranquilo:

“Me alegra saber que estás bien”,

aunque por dentro todavía exista

una parte de mí que te quiera también.

 

No te prometo olvidarte,

porque sé que no funciona así.

Hay personas que se van de nuestras vidas

pero jamás se van de raíz.

Y tú vas a ser de esas historias

que el tiempo no consigue borrar,

de esas que duelen cuando terminan

pero que uno aprende a recordar.

 

Si alguna vez piensas en mí,

no pienses solamente en mis errores.

Recuerda que hubo un hombre

que te quiso con todos sus temores.

Un hombre que quizá no supo amarte

como tú necesitabas que lo hiciera,

pero que hoy entiende demasiado tarde

que perderte era perder una vida entera.

 

Y si algún día puedes perdonarme,

hazlo sin necesidad de volver.

No te lo pido para recuperarte,

sino para poder descansar también.

Quiero saber que, a pesar de todo,

alguna parte de ti me comprendió,

que entre tantos momentos difíciles

también recuerdas que mi corazón te amó.

 

Hoy me toca decirte adiós,

aunque mi alma diga que no.

Me toca soltarte despacio,

aunque todavía exista amor.

Y mientras te alejas de mi vida,

voy a pedirle al cielo por ti:

que nunca te falte cariño,

que encuentres todo lo que no pude darte a mí.

 

Que seas feliz, aunque no sea conmigo.

Que vuelvas a sonreír sin temor.

Que alguien cuide tus sueños

y nunca lastime tu corazón.

Que te abracen cuando tengas frío,

que te escuchen cuando quieras hablar,

y que nunca tengas que preguntarte

si alguien te quiere de verdad.

 

Yo me quedaré con los recuerdos,

con lo bueno y también con el dolor,

con las noches que pasamos juntos

y con cada pedacito de nuestro amor.

Y aunque hoy tenga que soltarte,

aunque me parta el corazón,

voy a agradecerle a la vida

por haberte conocido, mi amor.

 

Porque algunas personas llegan

para quedarse toda la vida,

y otras llegan para enseñarnos

que también existe la despedida.

Tú fuiste ambas cosas para mí:

fuiste amor, fuiste hogar,

y aunque hoy te diga adiós,

una parte de mí siempre te va a recordar.

 

Así que vete...

camina tranquila hacia tu destino.

No mires atrás por culpa mía,

yo encontraré solo mi camino.

Si alguna lágrima se me escapa,

déjala caer, no pasa nada;

es solamente mi corazón

despidiéndose de la mujer que amaba.

 

Y cuando finalmente te vayas,

cuando ya no escuche tu voz,

cuando tu ausencia sea costumbre

y el silencio ocupe nuestro lugar,

voy a cerrar los ojos lentamente

y guardaré dentro de mi corazón

aquello que nadie podrá quitarme:

 

haber amado, alguna vez,

a la mujer que me enseñó

que incluso un amor verdadero

puede terminar con un adiós.

 

Y si mañana preguntas por mí,

ojalá alguien pueda decirte

que, aunque me dolió perderte,

aprendí a dejarte ir.

Que nunca dejé de agradecerte,

que nunca quise verte sufrir,

y que, aunque ya no estés conmigo,

una parte de mi corazón

siempre va a desearte feliz.

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  • Autor: Luis de leon (Offline Offline)
  • Publicado: 1 de octubre de 2026 a las 23:45
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1


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